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Trujillo tardó siglos en levantar su Plaza Mayor. San Martín llevaba ya un siglo esperándola, extramuros, sin saber que un día la ciudad entera vendría a construirse a su alrededor.
Antes de que Trujillo tuviera Plaza Mayor, ya tenía San Martín. La plaza llegó después, y creció a su alrededor.. Está en uno de los ángulos de la Plaza Mayor, allí donde las fachadas palaciegas, los soportales y la piedra dorada parecen reunirse a su alrededor, y cuesta imaginar que hubo un tiempo en que este lugar no era todavía el corazón monumental de la ciudad, sino el arrabal que se extendía a los pies de la villa amurallada.
Cuando llego a la plaza, San Martín no necesita llamar la atención. Su presencia se impone de otra manera: por la solidez de sus muros, por una piedra que parece asentada sobre las propias raíces de Trujillo. A diferencia de Santa María la Mayor, que obliga a mirar hacia arriba cuando uno se adentra en la villa medieval, San Martín forma parte de la plaza desde abajo, a la altura del viajero, como si llevara siglos ahí para recibir a quien llega.
Y, en cierto modo, así fue.

| Una iglesia que vio nacer la Plaza Mayor
La historia de San Martín empieza en el siglo XIV, cuando todavía era una pequeña ermita situada extramuros, en el antiguo arrabal de Trujillo. La primera referencia documental conocida es de 1353, cuando el Concejo de la ciudad se reunió aquí para tratar los límites y los ejidos de las aldeas. Un detalle que dice más de lo que parece: la iglesia no estaba junto a un espacio urbano cualquiera, sino en un lugar que ya empezaba a convertirse en centro de actividad.
Con el tiempo, aquel arrabal se transformó en la Plaza Mayor que hoy conocemos. El mercado, las casas consistoriales, los palacios y la propia iglesia fueron dando forma al corazón de la ciudad, hasta que San Martín dejó de estar en las afueras para pasar a ocupar, casi sin darse cuenta, el centro de Trujillo. Esta iglesia no solo ha contemplado la historia de la plaza: forma parte de cómo la propia plaza llegó a existir.

| De pequeña ermita a gran templo
La iglesia que vemos hoy es muy distinta de aquella construcción medieval. En 1440 todavía se documentaba como un templo de dimensiones reducidas, pero el crecimiento de Trujillo obligó a ampliarlo, y en 1526 ya se había empezado a levantar una cabecera mucho mayor, financiada con aportaciones de los vecinos, del Ayuntamiento y del obispado de Plasencia. Durante las décadas siguientes, el edificio siguió creciendo hasta adquirir la monumentalidad que hoy conserva, con la participación de varios maestros canteros, entre ellos Sancho de Cabrera – el mismo nombre que reaparece en Santa María la Mayor y en la iglesia de San Juan Bautista de Berzocana.

| La piedra por dentro
Al entrar, la sensación cambia por completo. Fuera domina la mole recia de la piedra; dentro, el espacio se abre en una nave altísima, cubierta de bóvedas de crucería estrellada, con una gran araña de hierro forjado colgando justo del centro, como una corona suspendida sobre los bancos vacíos. Grandes estandartes de damasco rojo y oro cuelgan de los pilares, y el retablo mayor, dorado, cierra la perspectiva al fondo.



A ambos lados, las capillas se abren tras rejas de forja negra, cada una con su propia historia: la de la Sagrada Familia, también llamada de los Regodones, guarda el sepulcro de Gonzalo Hernández, corregidor de Trujillo en 1520, y en el suelo, las lápidas de su familia. La del Cristo de la Salud conserva un retablo barroco con la escultura del Cristo homónimo, del siglo XV. La de Nuestra Señora del Rosario, un retablo de líneas clásicas con la Virgen flanqueada por Santo Tomás y San Buenaventura. La de Ánimas, bajo el escudo de los Orellana-Toledo, guarda los sepulcros de esa familia y de los Cervantes-Gaete, junto a un altar dedicado a la Virgen del Carmen. Y la de Santa Bárbara, fundada en 1562 por el bachiller Álvaro de Trujillo, cuyo patronato llegó a disputarse con tanto interés que terminó resolviéndose a favor del monasterio de Yuste.

Subiendo unos peldaños, tras una puerta de cristal bajo un arco de piedra, hay un pequeño espacio que funciona casi como una sala de museo: un estandarte del Sagrado Corazón, sillones antiguos de terciopelo verde y rojo, y vitrinas donde se guardan rosarios y objetos devocionales que han acompañado a la parroquia durante generaciones. Y en el coro, sobre la balaustrada de piedra que corre a media altura de la nave, el órgano barroco despliega sus tubos metálicos hacia el exterior de la caja dorada y roja, obra de Antonio de Larrea y Galarza, de 1762 ´ todavía capaz, dicen, de llenar la iglesia entera con su sonido cuando alguien se decide a tocarlo.






|Una iglesia que sobrevivió a la historia
Como tantos edificios antiguos, San Martín tampoco llegó intacta hasta hoy. La Guerra de la Independencia dejó nuevos daños estructurales, y el templo volvió a estar en riesgo de ruina, siglos después de aquellas escaramuzas medievales entre Chaves y Monroy. Entre las intervenciones posteriores estuvo la recolocación de las losas del suelo, muchas de ellas levantadas durante el saqueo de las tumbas que guardaba.
Pensar en esto mientras camino por su interior cambia, otra vez, la manera de mirar la piedra. Lo que hoy parece firme y eterno también estuvo, más de una vez, a punto de desaparecer. Quizá por eso me gustan tanto estos edificios. No son solo monumentos. Son supervivientes.

| Qué ver en la iglesia de San Martín
- La Puerta de las Limas, la portada más antigua, con las gradas donde se reunía el Concejo.
- La nave única, con sus bóvedas de crucería estrellada y su gran araña de hierro.
- Las capillas laterales: Sagrada Familia, Cristo de la Salud, Nuestra Señora del Rosario, Ánimas y Santa Bárbara.
- La pequeña sala de rosarios y objetos devocionales, tras el arco de piedra junto al coro.
- El órgano barroco de 1762, con sus tubos proyectados sobre la nave.
- La capilla del Baptisterio, cerrada con reja, con su pila bautismal románica.
- Las dos torres asimétricas de la fachada, testigos de siglos de historia y de guerra.
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| Cómo visitar San Martín de Tours
La iglesia está en la Plaza Mayor de Trujillo, así que es fácil incorporarla a cualquier recorrido por el centro histórico. La visita se gestiona junto con Santa María la Mayor, con entrada conjunta para ambos templos. Los horarios y tarifas cambian según la temporada, así que conviene consultarlos antes en la página oficial de Iglesias de Trujillo.
Información práctica
Iglesia Santa María la Mayor de Trujillo
Ubicación
C. Sta. María, 17, 10200 Trujillo, Cáceres
Contacto
https://iglesiasdetrujillo.com/
Entradas, horarios y precios
Esta entrada incluye la visita sólo a la Iglesia de Santa María la Mayor, para visitar las dos iglesias con descuento, adquirir las entradas en BONO 2 IGLESIAS
Si Santa María la Mayor representa esa parte de Trujillo que se descubre al subir hacia la villa medieval, San Martín representa el lugar donde la ciudad empezó a crecer hacia su propia Plaza Mayor. Dos templos distintos, unidos por un mismo apellido de canteros trujillanos que sigue apareciendo cada vez que investigo la arquitectura de esta tierra: Cabrera – el mismo que dejó su huella en la iglesia de San Juan Bautista de Berzocana, aquel templo desproporcionado para un pueblo tan pequeño. Una iglesia conduce a otra. Un oficio de cantero viaja de un pueblo a una ciudad. Y así, caminando por Trujillo, la historia deja de ser una sucesión de monumentos para convertirse en un mismo camino.
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