La iglesia de San Juan Bautista en Berzocana: de un viejo olivo a una iglesia monumental

Interior de la Iglesia de San Juan Bautista, mostrando arcos y columnas de piedra, un órgano en el fondo, y una iluminación suave.

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De un viejo olivo a una iglesia monumental: la historia de San Fulgencio y Santa Florentina, las reliquias que cambiaron para siempre el destino de un pequeño pueblo de Las Villuercas.

Cuando llegas a Berzocana desde lo alto, antes incluso de entrar en sus calles, el pueblo se muestra entero: un puñado de tejados de teja y fachadas blancas recogidos entre olivares y prados verdes, con la sierra de Las Villuercas cerrándolo por detrás, rocosa y quebrada. Y en medio de todo eso, sobresaliendo sobre cada tejado, aparece una torre de unas dimensiones que sorprenden al descubrir el pequeño pueblo que se extiende a sus pies. Casas bajas, sosteniendo sobre sus hombros un templo que parece pertenecer a otra escala, a otra ciudad, a otra ambición. Tardé en entender que esa desproporción no era un error de perspectiva. Era, en realidad, la historia entera del pueblo resumida en piedra.

La iglesia de San Juan Bautista en Berzocana: de un viejo olivo a una iglesia monumental
Berzocana / SUKI
La iglesia de San Juan Bautista en Berzocana: de un viejo olivo a una iglesia monumental
Iglesia San Juan Bautista -Berzocana / SUKI

Frente a la fachada, una cruz de granito sobre columna vigila la entrada, recordando que esta iglesia no puede entenderse solamente mirando sus muros. Y a un lado se encuentra la Puerta del Perdón, identificada con una pequeña placa en la que aparece una fecha: 1223, el año que la tradición berzocaniega sitúa como el del hallazgo de las reliquias de San Fulgencio y Santa Florentina. Ocho siglos después, aquella misma fecha volvería a cobrar vida cuando, en 2023, Berzocana celebró el VIII centenario de aquel acontecimiento. Hay algo hermoso en que una fecha pueda atravesar ochocientos años y seguir señalando el mismo lugar, como si el tiempo, que tantas cosas ha borrado, hubiera decidido conservar esta.

La iglesia de San Juan Bautista en Berzocana: de un viejo olivo a una iglesia monumental
Puerta del Perdón, Iglesia San Juan Bautista-Berzocana / SUKI

Bajo el alero de otra de las puertas, algunos capiteles y frisos tallados con motivos vegetales -restos, quizá, de la construcción anterior, reaprovechados en la nueva- asoman entre las vigas de madera, discretos, casi invisibles si no se levanta la vista

Para comprender por qué un pueblo de estas dimensiones terminó levantando un templo semejante hay que retroceder muchos siglos, hasta una historia que mezcla devoción, tradición y una de las mayores disputas por unas reliquias que se recuerdan en estas tierras.

Vista deLa Cruz de los Santos - Berzocana un monumento con una cruz en medio de un entorno natural, rodeado de árboles y un cerco de piedra con bolas decorativas.
La Cruz de los Santos – Berzocana / SUKI

La historia de San Fulgencio y Santa Florentina se remonta a la Hispania visigoda. Eran hermanos de San Leandro y San Isidoro, y pertenecían a la familia del duque Severiano. Según la tradición, sus reliquias fueron trasladadas desde Sevilla hasta estas tierras para protegerlas de la invasión musulmana, y aquel viaje hacia el norte encontró refugio en el territorio de Las Villuercas, donde quedaron vinculadas para siempre a Berzocana. La misma tradición cuenta que aquellos cristianos llevaban también consigo la imagen de la Virgen que con el tiempo se convertiría en la de Guadalupe; dos historias que compartieron un mismo camino antes de separarse para siempre, cada una hacia su propio destino.

Y entonces ocurrió algo que cambiaría para siempre la historia del pueblo.

Retablo de iglesia con estatuas de santos, una cruz en el centro y flores decorativas en la base.

Las reliquias empezaron a adquirir una importancia que desbordaba las dimensiones de aquella pequeña villa. Primero surgieron las disputas con Guadalupe y, más tarde, llegó una reclamación mucho más seria desde Cartagena, que defendía el origen cartaginense de los santos y reclamaba sus restos. El conflicto se prolongó entre finales del siglo XVI y los primeros años de la década de 1590, hasta llegar al entorno de Felipe II. Finalmente, se decidió que las reliquias permanecerían en Berzocana, aunque algunos huesos fueron enviados a Cartagena y al monasterio de El Escorial.

Quizá sea precisamente entonces cuando se comprende por qué aquella iglesia empezó a adquirir una dimensión que parecía desproporcionada para el pueblo.

Un altar decorado con esculturas y ornamentos dorados, que incluye estatuas y reliquias, con un fondo de diseños arquitectónicos en tonos beige y dorado.
Reliquias de San Fulgencio y Santa Florentina / Ayuntamiento de Berzocana

La iglesia que hoy vemos pertenece esencialmente a los siglos XV y XVI. La torre-fachada, a los pies del templo, es la parte más antigua que se conserva, mientras que el gran cuerpo del edificio corresponde a la transformación emprendida durante el siglo XVI, impulsada por los obispos de Plasencia Gutierre de Vargas Carvajal y Pedro Ponce de León. La documentación patrimonial señala que se desconoce con seguridad el nombre del arquitecto y del maestro de obras, aunque tradicionalmente se ha relacionado la construcción con Sancho de Cabrera, maestro trujillano que trabajó para Vargas Carvajal en numerosos edificios.

De ahí nace también esa comparación que tanto me gusta: la iglesia de San Juan Bautista de Berzocana ha sido considerada, con cariño, la hermana menor de Santa María la Mayor de Trujillo, no porque sea una copia exacta, sino por las semejanzas de su arquitectura y por esa misma sensación de grandeza que parece desbordar el lugar donde se levanta.

Interior de. La iglesia de San Juan Bautista en Berzocana  con un techo de bóveda de crucería y un candelabro oscuro colgante.
Interior de la iglesia de San Juan Bautista-Berzocana/ SUKI

Pero el templo no creció solamente por decisión de obispos, ni por voluntad de reyes. Creció también porque los vecinos de Berzocana quisieron que aquel lugar estuviera a la altura de lo que custodiaba. La Capilla de los Santos, terminada e inaugurada en 1610, se convirtió en el corazón de aquella voluntad. Una inscripción conservada en su interior recuerda la participación de los vecinos en su construcción, y la memoria popular del Ramo lo dejó también escrito en una copla que todavía forma parte de la tradición de Berzocana: «A honra y gloria de Dios -esta iglesia con las limosnas de los vecinos de esta villa, hizo esta capilla de san Fulgencio y san Florentino…»

«Para hacer esta capilla ni Rey ni Obispo ayudó,
porque aquesta ilustre villa todo siempre lo cumplió.»

Me detengo en esa inscripción porque cambia la manera de mirar el edificio. Detrás de los grandes muros, de las bóvedas y de las obras de arte no solo están los nombres de obispos y reyes. Están también las personas que vivían aquí. Gente sin nombre en ningún documento oficial. Gente que dio lo que tenía -poco o mucho, no lo sabremos nunca- para construir el lugar donde descansarían sus santos.

Y así, con las manos y las limosnas de una pequeña villa, nació la grandeza.

Cuando entro en la iglesia, la primera impresión es precisamente esa: la de un espacio demasiado grande para el pueblo que lo rodea. Su planta de salón se organiza en tres naves de igual altura, divididas en cuatro tramos por seis grandes pilares fasciculados, rematados en palmeras de nervaduras que se abren en el techo como si la piedra, en algún momento, hubiera decidido imitar a un árbol. El presbiterio, de planta pentagonal, y el amplio coro gótico, sostenido sobre un arco plano de granito bien labrado -una auténtica proeza de ingeniería-, completan un espacio que tiene mucho más de monumental de lo que uno esperaría encontrar al llegar a Berzocana.

Pero si hay un lugar al que inevitablemente termina conduciendo la mirada es la Capilla de los Santos: dos plantas y una cúpula de cuarto de esfera gallonada, rematada por una linterna. En la parte superior, tras un arco de medio punto, se encuentra el arca de alabastro con las reliquias: cráneos, quijadas y numerosos huesos, junto a otras piezas tradicionalmente atribuidas a Santa Florentina, como su velo y su peine. La urna de taracea, de ébano, nácar, marfil y aplicaciones doradas, que hoy también guarda esta capilla, es tradicionalmente atribuida a un regalo del propio Felipe II, ligado a aquella disputa que terminó repartiendo a los santos entre distintos territorios.

La iglesia de San Juan Bautista en Berzocana

A todo esto se suman el retablo dedicado a San Fulgencio y Santa Florentina, la azulejería histórica, el facistol, los antiguos cantorales y el órgano que todavía preside el coro alto. Cada objeto con su propia historia, su propio origen, su propio motivo para seguir ahí. La iglesia no es solamente el lugar donde descansan unas reliquias: es el resultado de siglos de devoción, de arte, de trabajo y de una relación extraordinariamente profunda entre un pueblo y aquello que decidió custodiar.

La importancia de la iglesia fue reconocida oficialmente hace décadas. El 28 de octubre de 1977 fue declarada Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional, y en 2024 la Junta de Extremadura la declaró Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento, destacándola como uno de los más bellos templos góticos de Extremadura y como un importante hito religioso de la comarca por la custodia de las reliquias de San Fulgencio y Santa Florentina..

Cuando vuelvo a salir a la calle, todos esos títulos parecen quedar en segundo plano. Vuelvo a mirar la torre. Vuelvo a mirar los tejados bajos de Berzocana y la sierra detrás. Y pienso que, en realidad, la historia empezó mucho antes de que existieran la gran iglesia, la capilla, la urna de taracea o los relicarios de plata.

Empezó en un lugar mucho más sencillo, en la tierra de la Oliva de los Santos, donde todavía permanece aquella cruz de piedra como testigo de una historia que ha sobrevivido durante siglos. Porque antes de que hubiera una urna de taracea, una capilla levantada con limosnas o una iglesia capaz de parecer una catedral, hubo solamente un olivo y una historia que alguien encontró escondida bajo sus raíces.

La iglesia de San Juan Bautista no nació grande. Se hizo grande porque en Berzocana encontró su lugar una historia que no cabía en su tamaño.


| Cómo llegar a la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

Berzocana está en la provincia de Cáceres, en la comarca de Las Villuercas. Desde Madrid, la ruta habitual pasa por Navalmoral de la Mata y Guadalupe, continuando hacia el interior de la comarca. Desde Cáceres, se accede por la red de carreteras que conecta la capital con Trujillo y después con Las Villuercas, y desde Trujillo, Berzocana puede formar parte de una ruta preciosa combinando patrimonio, pueblos serranos y carreteras secundarias.

Información práctica

Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

Ubicación

C. Carretas, 9, 10129 Berzocana, Cáceres

Contacto

https://www.berzocana.es/

Para visitar el interior

Conviene comprobar previamente horarios de apertura o culto

Bien de Interés Cultural, categoría de Monumento (2024); Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional (1977)

Tiempo recomendado

Al menos 30-60 minutos, más si quieres acercarte también a la Cruz de los Santos

| Qué ver en Berzocana además de la iglesia

  • La Ermita del Niño Jesús, frente a la fachada de la Iglesia, levantada sobre la casa donde vivió la Beata María del Niño Jesús.
  • Las rutas de senderismo de la sierra — a Risco Gordo, a Cabeza del Moro o a las cuevas del Cancho de la Sábana, todas accesibles desde el propio pueblo.

| Explora Berzocana


| Descubre Extremadura

CÁCERES

El tiempo, en Cáceres, no pasó. Se quedó a vivir. Entre sus calles empedradas y sus torres de piedra dorada se esconde una de las ciudades medievales mejor conservadas del mundo – cigüeñas anidando en palacios, iglesias que huelen a siglos, y un casco histórico que parece esperar, paciente, a que alguien vuelva a mirarlo con los ojos de quien lo descubre por primera vez. Muy pronto, guía completa de esta joya de Extremadura.

GUADALUPE

Hubo un tiempo en que esta Virgen reinaba sobre medio mundo. Desde su monasterio partió la historia que llevaría a Colón hasta un continente nuevo, y su nombre viajó después por toda Hispanoamérica, venerada como pocas imágenes lo han sido jamás. Hoy, aunque el título oficial recaiga en otra, Guadalupe sigue siendo, por derecho propio, la reina que el tiempo no pudo destronar del todo. Muy pronto, guía completa de este monasterio de la historia de España.

TRUJILLO

De esta plaza partieron hombres que conquistaron un imperio con apenas un puñado de barcos y una ambición desmedida. Trujillo es la cuna de Pizarro, la villa de los conquistadores, y también un conjunto monumental que parece detenido en el siglo XVI: palacios blasonados, calles empinadas y una plaza mayor que sigue siendo, todavía hoy, una de las más bellas de toda España. Muy pronto, guía completa de esta ciudad extremeña del Nuevo Mundo.

MÉRIDA

Hace dos mil años, esta ciudad fue capital de toda una provincia del Imperio romano. Y todavía lo demuestra: un teatro, un anfiteatro, un puente y un acueducto que siguen en pie, desafiando el paso de los siglos, como si Roma se negara a marcharse del todo. Mérida es, hoy, el mayor conjunto arqueológico romano de España, y una de esas ciudades donde la historia se camina, literalmente, bajo los pies. Muy pronto, guía completa de la antigua Emérita Augusta.



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