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Hay hallazgos que cambian la historia de un lugar sin que nadie lo busque. El Tesoro de Berzocana es uno de ellos: apareció por azar, en manos de un niño, en una ladera de pizarra donde nadie esperaba encontrar oro.
| Un brillo entre las piedras
Fue en abril de 1961. Domingo Sánchez, un cabrero de catorce años, recorría con su rebaño la finca Los Machos, a unos tres kilómetros de Berzocana, cerca del castro de El Terrero. A lo lejos, algo brillaba entre las pedreras de la sierra. Se acercó y encontró una vasija de bronce que guardaba en su interior dos -según algunas versiones, tres- collares de oro macizo de 24 quilates.
Sin saberlo, aquel pastor acababa de sacar a la luz uno de los conjuntos más relevantes de la Edad del Bronce en toda la península ibérica.
El hallazgo se puso en conocimiento de la Guardia Civil, y las piezas se depositaron en el juzgado de Navezuelas, donde vivían los descubridores. El Estado indemnizó a Domingo Sánchez Pulido y a Urbano Sánchez Sánchez, propietario de la finca. Uno de los torques, sin embargo, llegó primero a manos de un platero, antes de que el investigador Carlos Callejo lograra recuperar el conjunto completo.

| Qué es exactamente el Tesoro
El Tesoro de Berzocana está formado por dos torques de oro macizo (collares rígidos, en forma de herradura circular, decorados a cincel con motivos geométricos) y la pátera de bronce que, al parecer, los contenía. Uno de los torques pesa cerca de 950 gramos, con un aro de casi 40 centímetros de longitud, grabado con espigas y triángulos entrelazados.

Los expertos lo sitúan en el Bronce Final, con paralelos directos en yacimientos de Italia y Centroeuropa, y hermanado con otros torques de oro hallados en Portugal -Cintra, Évora, Penella, Guimaraes-. Piezas de este tipo también aparecen entre galos, celtas, germanos y persas: al principio como atributo de divinidades célticas, más tarde como adorno de mujeres de alto rango, y finalmente como símbolo de nobleza o condecoración de guerra. Su peso y su escasa maleabilidad hacen pensar que no eran joyas de uso cotidiano, sino piezas ceremoniales, quizá parte de la dote de una mujer de posición destacada.
| De Berzocana a Madrid
Las piezas pasaron primero por el Museo de Cáceres, antes de ser trasladadas definitivamente al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, donde se conservan hoy por su extraordinario valor histórico y arqueológico.

En Berzocana, sin embargo, el tesoro nunca se fue del todo. En el Centro de Interpretación de la Arqueología Comarcal puede verse una réplica fiel del hallazgo, junto al relato de su procedencia: el castro de El Terrero, en la finca Los Machos, donde un pastor de catorce años cambió, sin querer, la historia del pueblo.
| EXPLORA Y DESCUBRE BERZOCANA
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