
GUÍAS POR ESPAÑA | Trujillo | Gastronomía | Restaurantes
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Comida: 5/5 | Servicio: 5/5 | Ambiente: 5/5
Sabores de Extremadura en el corazón de la historia
Tengo una debilidad por la gastronomía extremeña. Cuando viajo, no solo busco paisajes, pueblos y monumentos; también quiero sentarme a la mesa y descubrir qué cuenta cada lugar a través de sus productos y de su cocina. Extremadura tiene una personalidad difícil de confundir: sabores intensos, productos de una tierra generosa y recetas que, muchas veces desde la sencillez, consiguen decir mucho de dónde vienen.
Y si hay una ciudad donde esto resulta especialmente fácil es Trujillo. He comido en varios de sus restaurantes, algunos muy conocidos y otros menos, y hasta ahora todos me han dejado un buen recuerdo. Hay una oferta amplia y variada, desde la cocina más tradicional hasta propuestas más elaboradas, pero en todos ellos he encontrado algo que para mí resulta esencial cuando viajo: comer bien y sentir que estoy en el lugar que he venido a conocer.
Esta vez el elegido fue La Victoria, en plena Plaza Mayor.

Aquí la experiencia comienza incluso antes de probar la comida. Sentarse en una de las plazas históricas más impresionantes de Extremadura, rodeada de palacios, soportales y fachadas de piedra dorada, con la estatua ecuestre de Pizarro presidiendo el espacio, convierte cualquier comida en una pequeña pausa dentro del viaje. Después de caminar durante horas por las calles de la villa medieval, sentarse, mirar alrededor y dejar que el tiempo pase un poco más despacio forma parte también de conocer Trujillo.

La cocina apuesta por los sabores tradicionales de la tierra, con platos como las migas, la carrillada, el bacalao o los espárragos trigueros, además de otras propuestas para quienes buscan una carta más variada. Yo disfruté de varios de ellos y también de los postres, que pusieron el punto final a una comida que cumplió con lo que buscaba: buena cocina, productos reconocibles y ese sabor de Extremadura que no necesita demasiados adornos para hacerse recordar.

Quizá por eso me gusta tanto comer cuando viajo. Un monumento puede contarte quién estuvo allí, una calle puede enseñarte cómo vivieron quienes la habitaron y un paisaje puede explicar la tierra que tienes delante; pero hay veces en las que basta un plato para acercarte a un lugar de una manera mucho más íntima.

En Trujillo he encontrado esa sensación en más de una ocasión, y La Victoria ha sido esta vez una de esas paradas. No solo por lo que llega a la mesa, sino por el lugar en el que se encuentra y por todo lo que sucede alrededor mientras comes.

Porque degustar Extremadura también es una forma de recorrerla. Y después de caminar por las piedras, las iglesias, los palacios y las calles de Trujillo, sentarse en su Plaza Mayor y dejar que la gastronomía continúe contando la historia me parece una manera perfecta de seguir el viaje.


| Cómo llegar
La Victoria se encuentra en la Plaza Mayor de Trujillo, en pleno casco histórico. Si llegas en coche o en moto, lo más práctico es dejar el vehículo en las zonas de aparcamiento habilitadas en las inmediaciones y continuar caminando por la villa.
Y merece la pena hacerlo así. La subida hasta la Plaza Mayor forma parte del propio viaje.
Información práctica
Restaurante La Victoria
Ubicación
Plaza Mayor, 26, 10200 Trujillo, Cáceres
Contacto
precios
Menú del día con precio cerrado en torno a 25 €, con dos platos, postre, agua y pan (las bebidas extra, como el vino o el tinto de verano, suelen ir aparte)
Conviene reservar, especialmente si vas a mediodía o en fin de semana, ya que suele llenarse rápido por su ubicación.
| Qué ver y hacer en Trujillo después de comer
Si vienes a La Victoria, estás en el punto perfecto para continuar descubriendo Trujillo:
- Plaza Mayor, una de las grandes plazas históricas de Extremadura.
- Santa María la Mayor, con su impresionante arquitectura, el retablo de Fernando Gallego y las vistas desde su torre.
- Castillo de Trujillo, levantado sobre la antigua alcazaba.
- Palacio de los Marqueses de la Conquista y los demás palacios que rodean la villa.
- Iglesia de San Martín, junto a la Plaza Mayor.
- Iglesia de Santiago y otros rincones de la ciudad medieval.
- Las murallas y el antiguo recinto histórico.
- Y, sobre todo, caminar sin prisa por las calles de Trujillo, porque algunas de las mejores historias de la ciudad aparecen cuando dejas de buscar monumentos y simplemente te dedicas a mirar.
Al final, quizá esa sea la mejor manera de viajar por Extremadura: mirarla, caminarla y saborearla.

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