
GUÍAS POR ESPAÑA | Trujillo | Cáceres | Castillos y Fortalezas
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En lo alto de Trujillo, donde las calles medievales terminan y comienza el horizonte, una antigua alcazaba sigue vigilando la ciudad. El Castillo de Trujillo no solo guarda siglos de historia entre sus murallas: desde aquí, la ciudad se extiende a tus pies y Extremadura parece no tener fin.
Trujillo tiene una manera muy particular de hacerse grande. Basta subir por sus calles empedradas, dejar atrás la Plaza Mayor y continuar hacia la parte más alta de la villa para que las casas vayan quedando abajo y aparezcan las murallas. Entonces uno entiende que la ciudad no se construyó alrededor del castillo, sino que el castillo fue durante siglos el lugar desde el que se dominaba todo lo que había alrededor.
Llegar hasta aquí es casi como caminar hacia atrás en el tiempo. Las calles se hacen más estrechas, las fachadas más antiguas y, poco a poco, la piedra empieza a ganar terreno. Al final de la subida aparece la fortaleza, asentada sobre el antiguo recinto de época islámica y rodeada por unas murallas que todavía permiten imaginar la importancia estratégica que tuvo Trujillo durante siglos. Y aunque hoy lleguemos hasta aquí buscando una de las mejores panorámicas de la ciudad, conviene recordar que este lugar no nació para contemplar el paisaje. Nació para defenderlo.

| Una fortaleza nacida sobre otra fortaleza
El origen del castillo se encuentra en la época islámica, cuando Trujillo formaba parte de Al-Ándalus y su posición elevada convertía este lugar en un enclave defensivo privilegiado. De aquella fortaleza musulmana permanecen buena parte de las murallas, las torres y el trazado del recinto, aunque el conjunto fue transformándose después de la conquista cristiana de la ciudad en 1232.
Durante la Edad Media, el castillo siguió siendo el corazón defensivo de Trujillo. Sus murallas protegían la parte más elevada de la villa y desde ellas se podía controlar un territorio enorme, algo que todavía se comprende cuando uno llega a lo alto y mira hacia la llanura extremeña. Pero lo que más me gusta de este lugar es precisamente esa mezcla de épocas. Aquí no hay una única historia, sino muchas superpuestas: la ciudad islámica, la conquista cristiana, las transformaciones medievales y la Trujillo monumental que conocemos hoy. Cada piedra parece haber sido utilizada por alguien antes de que llegáramos nosotros.

| Entrar en el castillo
La entrada conduce al recinto amurallado, dividido esencialmente entre el Patio de Armas y la Albacara, los dos grandes espacios que articulan la fortaleza. En el Patio de Armas se conservan además dos antiguos aljibes de origen islámico, una parte fundamental del sistema que permitía almacenar agua dentro de la fortaleza y resistir largos periodos de asedio.
Caminar por el interior es una experiencia muy diferente a contemplarlo desde abajo. Aquí las dimensiones se entienden de otra manera. Los muros dejan de ser una silueta en el horizonte y se convierten en piedra, en torres, en escaleras y en caminos que siguen el trazado defensivo de la antigua fortaleza.
En algunos puntos todavía se percibe claramente la función militar del conjunto. No fue construido para ser bonito, aunque hoy su belleza sea evidente. Fue levantado para dominar, proteger y resistir. Y desde sus murallas se entiende inmediatamente por qué este lugar fue elegido.
Al llegar al recinto aparecen las dos zonas que forman el conjunto: la alcazaba, de origen musulmán, y el llamado castillo nuevo o recinto cristiano, levantado posteriormente.

| Trujillo a tus pies
Hay miradores que necesitan una explicación y otros que se explican solos.
Desde lo alto del castillo, Trujillo aparece extendido alrededor del cerro: los tejados, las torres de las iglesias, los palacios de la Plaza Mayor y las calles de la villa medieval quedan abajo, mientras el paisaje extremeño se abre mucho más allá de la ciudad.
Es una de esas vistas que me gusta contemplar sin buscar demasiado. El campo se extiende hasta perderse en el horizonte y, cuando el día está despejado, la sensación es casi de estar suspendida sobre la ciudad. Entonces comprendo mejor la elección de este lugar para construir una fortaleza. Desde aquí no solo se veía Trujillo.
Se veía el territorio.

| El castillo que se convirtió en Altojardín
Trujillo, escenario de Juego de Tronos
Y entonces aparece otra historia, mucho más reciente y completamente diferente. Porque quizá muchos visitantes reconozcan estas murallas antes por la televisión que por los libros de historia.
En 2016, el Castillo de Trujillo se convirtió en uno de los escenarios de la séptima temporada de Juego de Tronos, la producción de HBO basada en las novelas de George R. R. Martin. La fortaleza extremeña fue transformada digitalmente en Altojardín, la fortaleza asociada a la Casa Tyrell.

Recorrer hoy las murallas tiene algo curioso si has visto la serie. En determinados puntos resulta inevitable imaginar las banderas de Poniente ondeando sobre la fortaleza, las tropas ocupando la albacara y a Jaime Lannister y Bronn recorriendo este paisaje medieval. El rodaje se concentró especialmente en la zona de la muralla, el entorno del Arco del Triunfo y un aljibe cercano. En la ficción, el castillo de Trujillo se convirtió en el escenario de la toma de Altojardín durante la séptima temporada.
Lo interesante es que, para conseguirlo, apenas hizo falta transformar la esencia del lugar. El castillo ya tenía aquello que buscaban los responsables de la producción: murallas medievales, torres, piedra, altura y un paisaje capaz de convertirse, con la ayuda de la ficción, en cualquier reino imaginario. Y quizá por eso funciona tan bien.
Aquí no parece que Juego de Tronos haya creado un escenario, parece que simplemente encontró uno que ya existía.

Hoy Trujillo forma parte de las rutas cinematográficas relacionadas con la serie y el castillo se ha convertido en uno de los puntos imprescindibles para quienes quieren reconocer sobre el terreno aquellos lugares que vieron en pantalla.
| Qué ver en el Castillo de Trujillo
La visita merece hacerse sin demasiada prisa. Yo comenzaría recorriendo el conjunto defensivo y después dedicaría tiempo a sus puntos más altos, porque es precisamente desde las murallas donde el castillo cobra todo su sentido.
- Las murallas y sus torres defensivas, que permiten comprender la dimensión de la antigua fortaleza.
- La alcazaba de origen islámico, núcleo más antiguo del conjunto.
- El aljibe, fundamental para entender cómo se abastecía de agua la fortaleza.
- La Puerta de Santiago y su conexión con la villa medieval.
- La ermita de la Virgen de la Victoria, situada dentro del recinto.
- Los lugares utilizados como escenario de Juego de Tronos, especialmente si has seguido la serie y quieres reconocer la fortaleza que se convirtió en Roca Casterly.
Y, sobre todo, las vistas desde las murallas. Porque visitar el castillo sin mirar más allá de sus piedras sería perder una parte esencial de la experiencia.
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| Cómo llegar al Castillo de Trujillo
El castillo se encuentra en la parte más alta de la ciudad, en el cerro Cabeza de Zorro, dentro del conjunto histórico de Trujillo.
Si llegas en coche o en moto, lo más cómodo es acercarte hasta las zonas permitidas del entorno del casco histórico y continuar a pie. Desde la Plaza Mayor comienza una agradable subida por las calles medievales hasta alcanzar la fortaleza.
Yo recomiendo hacerla caminando. Trujillo es una ciudad para recorrer despacio y el camino hasta el castillo forma parte de la propia visita.
Información práctica
Castillo de Trujillo
Ubicación
Pl. del Catillo,1, Trujillo, Cáceres
Contacto
Oficina Municipal de Turismo de Trujillo
Los horarios de acceso pueden variar según la temporada, por lo que conviene comprobarlos antes de ir. El Castillo de Trujillo se encuentra en la Plaza del Castillo, en la parte alta de la localidad.
| Qué ver y hacer en Trujillo después del castillo
Una vez abajo, todavía queda mucho por descubrir. Puedes continuar hacia la Plaza Mayor, visitar la iglesia de Santa María la Mayor y subir a su torre para contemplar la ciudad desde otra perspectiva, recorrer la iglesia de San Martín, acercarte al Palacio de los Marqueses de la Conquista y seguir la huella de Francisco Pizarro por la ciudad. Y después, simplemente dejarse llevar por las calles de la villa medieval. Trujillo es de esos lugares en los que desviarse del camino suele ser una buena decisión.

Si tienes tiempo para continuar el viaje, desde aquí puedes enlazar con algunos de los grandes paisajes y conjuntos históricos de Extremadura: Cáceres, Monfragüe, el Geoparque Mundial de la UNESCO Villuercas-Ibores-Jara y Guadalupe. Y si sigues hacia Las Villuercas, merece especialmente la pena acercarse hasta Berzocana, donde la iglesia de San Juan Bautista guarda las reliquias de San Fulgencio y Santa Florentina y donde otra historia, mucho más pequeña en escala pero igualmente fascinante, vuelve a demostrar que en Extremadura las piedras nunca están simplemente ahí.

Porque quizá esa sea una de las cosas que más me gustan de viajar por esta tierra: una iglesia conduce a un palacio, un palacio a una historia, una historia a un pueblo y, cuando parece que el viaje ha terminado, siempre aparece un camino más.
| Explora Trujillo
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