Las primeras motoviajeras de la historia: Della Crewe, Effie Hotchkiss y las hermanas Van Buren

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El mundo motoviajero dejó de ser solo para hombres en 1914.

Gracias a ellas, hoy puedo subir a la moto y sentirme libre.

Hay una ruta invisible que une todos los manillares de la historia. Una ruta que empieza en Waco, Texas, en el verano de 1914, y que llega hasta hoy, hasta cada mujer que arranca su moto y sale a la carretera sin pedir permiso a nadie. Este post es un homenaje a las mujeres que pusieron el primer kilómetro en esa ruta. Las que lo hicieron cuando el mundo aún decía si tenían derecho a intentarlo.

| Della Crewe – 1914. La primera.

Della Crewe nació en 1884 en Racine, Wisconsin, y llevaba una vida tranquila en Waco, Texas, donde trabajaba como manicurista, cuando su sobrino le hizo una sugerencia que cambiaría su vida y, sin que ella lo supiera, la historia del motociclismo: ¿por qué no recorres el país en moto?

Della no lo pensó dos veces.

Se compró una Harley Davidson de dos velocidades con sidecar, a la que llamó The Gray Fellow, cargó ciento veinticinco libras de equipaje, y los vecinos de Waco le regalaron una cachorra de Boston Bull Terrier para que la acompañara en el camino. Della la llamó Trouble. Y dijo, con esa lógica aplastante de quien sabe exactamente lo que hace: “Trouble is the only trouble I will have with me on this trip.” El único problema que llevaré conmigo en este viaje es Trouble.

Della Crewe y su perro Trouble en sidecar Harley Davidson 1914

El 24 de junio de 1914 salió de Waco con destino Nueva York. No había carreteras asfaltadas. No había GPS. No había ninguna mujer que hubiera hecho algo parecido antes. Las lluvias del invierno habían dejado los caminos de Texas y Oklahoma convertidos en barrizales, y Della tuvo que instalar cadenas en las ruedas y cruzar campos de trigo durante kilómetros cuando no encontraba camino transitable. Su primera parada fue Dodge City, Kansas, donde llegó a tiempo para las carreras de moto del 3 de julio, ocho días después de salir de Waco. La recibieron como a una heroína.

Llegó a Milwaukee en otoño, donde las taquígrafas de las oficinas de Harley-Davidson organizaron un picnic en su honor. Llegó a Nueva York en diciembre de 1914, con cuatro abrigos encima, cuatro pares de calcetines y zapatos de piel de oveja para soportar el frío. Trouble llevaba un jersey a medida. Había cruzado más de diez estados en seis meses, con 5.378 millas en el odómetro.

Al llegar, Della declaró: “I had a glorious trip. I am in perfect health and my desire is stronger than ever to keep going.” Tuve un viaje glorioso. Estoy en perfecta salud y mis ganas de seguir son más fuertes que nunca.

Della Crewe, primera motoviajera de la historia, 1914

Y siguió. Como tenía previsto cruzar a Europa pero la Primera Guerra Mundial se lo impidió, embarcó hacia Florida y continuó su aventura por Cuba, Panamá, Jamaica y Puerto Rico. En total, más de 17.000 kilómetros recorridos por América del Norte y Central. Mantuvo una correspondencia con el Waco Daily Times-Herald que publicó sus cartas de viaje. Financió parte del trayecto vendiendo cuadros de paisajes que pintaba a lo largo del camino.

En 1926 su rastro desaparece de los registros. Nadie sabe exactamente qué fue de Miss Della Crewe. Pero dejó algo que no desaparece: la primera huella de una mujer en moto sobre el mapa de América.

Della Crewe, primera motoviajera de la historia, 1914

| Effie y Avis Hotchkiss – 1915. El costa a costa.

Effie Hotchkiss aprendió a conducir una moto a los dieciséis años, enseñada por su hermano. A los dieciocho ya trabajaba en Wall Street. A los veintiséis tenía un sueño muy claro: ser la primera mujer en cruzar Estados Unidos en moto de costa a costa.

Cuando anunció el plan, la familia no lo recibió precisamente con entusiasmo. Su madre Avis, de cincuenta y seis años, decidió acompañarla para no dejarla sola. Effie montó un sidecar en su Harley Davidson, al que llamaron la bañera, para que Avis pudiera viajar cómodamente. Avis, desde el principio, dejó claro que confiaba plenamente en su hija: “No temo las averías, porque Effie, siendo muy cuidadosa, es una buena mecánica y hace sus propias reparaciones con sus propias herramientas.”

Effie Hotchkiss y su madre Avis en su Harley Davidson sidecar 1915

El 2 de mayo de 1915 partieron de Brooklyn, Nueva York, con destino a la Exposición Panamá-Pacífico de San Francisco. No había hoteles ni restaurantes en gran parte del trayecto, así que viajaban con tienda de campaña, mantas, ollas, sartenes y herramientas. Cuando se les agotaron los repuestos de cámara de aire y el estado de las carreteras hacía imposible continuar, Effie y su madre cortaron una manta, la enrollaron y la metieron dentro del neumático para poder seguir. No había problema que no tuviera solución.

En agosto llegaron a San Francisco, donde fotografiaron el momento en que vertían en el Pacífico un tarro de agua del Atlántico que habían traído desde Nueva York. Luego dieron media vuelta y volvieron por el desierto de Nevada y Utah. En octubre de 1915 estaban de vuelta en Brooklyn, con aproximadamente 9.000 millas en total.

Se convirtieron en las primeras mujeres en cruzar Estados Unidos en moto. Harley Davidson las nombró embajadoras de la marca. Su historia fue la primera que publicó la revista The Harley-Davidson Enthusiast en su primer número. Y aun así, el ruido que hicieron no fue ni la mitad del que levantaron, un año después, las Van Buren.


| Augusta y Adeline Van Buren – 1916. Woman can, if she will.

Augusta y Adeline Van Buren eran descendientes de Martin Van Buren, el octavo presidente de Estados Unidos. Dos mujeres de familia acomodada, educadas y activas en el movimiento político de su época, que en 1916, con el país a las puertas de la Primera Guerra Mundial, tomaron una decisión que nadie esperaba de ellas.

Querían ser mensajeras del ejército. Sabían montar en moto, sabían aguantar condiciones duras, y creían que podían liberar hombres para el combate si se les daba la oportunidad. El problema era que las mujeres no podían ocupar esas plazas. Así que decidieron demostrarlo de la única manera que nadie podría ignorar: cruzando el continente en moto, solas, cada una en la suya.

El 4 de julio de 1916, Adeline, de veintiséis años, y Augusta, de treinta y dos, partieron de Sheepshead Bay, Brooklyn, montadas en sus Indian Power Plus de 1.000 cc. Llevaban pantalones de cuero, uniformes militares y gafas de aviador. Sus motos tenían faros de gas, el acelerador a la izquierda y otro puño a la derecha para avanzar o retrasar el encendido. Sin frenos delanteros. Sin mapas al oeste del Mississippi.

“Al oeste del Mississippi no había mapas de carreteras. Los caminos eran senderos de vacas, pistas de tierra, rutas de carretas.”
Robert Van Buren, sobrino nieto de las hermanas.

Las arrestaron varias veces. No por conducción temeraria. Por llevar pantalones, que en muchos estados era, literalmente, ilegal para las mujeres. Cada vez llegaban a un acuerdo con la policía local y seguían. En Colorado, se convirtieron en las primeras mujeres en llegar a la cima del Pikes Peak en cualquier tipo de vehículo motorizado. A 4.300 metros de altitud, en caminos sin asfaltar, con las motos hundiéndose en el barro. En agosto, en pleno desierto de Nevada, se quedaron sin agua y sin gasolina en un valle árido entre Salt Lake City y Reno. Un prospector en carreta con agua y combustible de más las rescató y les indicó el camino. Siguieron.

Llegaron a San Francisco el 2 de septiembre de 1916 y continuaron hasta Los Ángeles, cruzando la frontera a Tijuana el 8 de septiembre. Más de 8.500 kilómetros en sesenta días.

Volvieron a Nueva York y solicitaron formalmente su incorporación al ejército como mensajeras. El gobierno las rechazó. La prensa especializada en motos elogió las motocicletas, no a las motociclistas. The Denver Post las acusó de aprovechar la guerra como excusa para abandonar sus deberes en casa y “exhibir sus mostradores femeninos con elegantes uniformes de cuero.”

La cobertura mediática fue en muchos casos degradante, describiendo el viaje como unas vacaciones en lugar del acto histórico y reivindicativo que fue.

Pero la historia tiene memoria más larga que los periódicos.

Augusta siguió montando en moto y en 1924 obtuvo su licencia de piloto de aviación. Se unió a las Ninety-Nines, la organización de pilotos femeninas fundada por Amelia Earhart. Adeline se convirtió en abogada, graduada en la Universidad de Nueva York. Las dos siguieron demostrando, el resto de sus vidas, que aquella travesía no había sido una anécdota sino una forma de estar en el mundo.

En 2002 fueron incluidas en el AMA Motorcycle Hall of Fame, y al año siguiente en el Sturgis Motorcycle Museum Hall of Fame. En 2016, en el centenario de su hazaña, Indian Motorcycle patrocinó una ruta conmemorativa en la que sesenta y ocho mujeres repitieron su camino de costa a costa.

«Woman can, if she will.» – La mujer puede, si quiere.

Augusta Van Buren

| Me gusta la gente con casco

Dentro de un casco el mundo es más amable, más humano

María José Magro — Suki on the Road
En algún lugar de España

Llevo años recorriendo carreteras y nunca, jamás, me he sentido discriminada por el hecho de ser mujer. Siempre he sido un compañero más. Pero sé que eso no fue siempre así, y sé que hay partes del mundo donde todavía no lo es. Por eso importa recordar a estas mujeres. No como piezas de museo sino como lo que son: el principio de una ruta que seguimos recorriendo.

Cada vez que arranco la moto pienso en Della y su perro Trouble cruzando campos de trigo en Kansas. En Effie y su madre metiendo una manta dentro de un neumático para no detenerse. En Augusta y Adeline siendo arrestadas por llevar pantalones y volviendo a subirse a la moto en cuanto las soltaban.

Ellas pusieron los primeros kilómetros. Nosotras ponemos los que quedan.

Ya quedan muy pocos.


¿Conocías la historia de estas pioneras? Cuéntame en los comentarios qué te ha parecido. Y si quieres seguir la ruta que empezaron ellas, te espero en la carretera.

María José Magro — Suki on the Road
En algún lugar de España


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Respuestas

  1. Avatar de Myriam Catalá

    ¡Estupendo artículo! Si es que, al final, no es tan raro que a las mujeres nos gusten las mismas sensaciones, retos y aventuras que a los hombres. Estas cosas no están escritas en el DNA.

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  2. Avatar de Myriam Catalá

    Reblogueó esto en Pozos de Pasióny comentado:
    Mucha gente me pregunta si no me da miedo montar en moto. La realidad es que siempre me han asustado mucho más ciertas personas que las máquinas. Si a ti también te gusta hacer cosas que culturalmente no se consideran “propias” de tu género, léete este artículo. Te sentirás un poquito más acompañada.

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  3. Avatar de SUKI

    Gracias compañera, feliz día 💜

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  4. Avatar de Mer Bf

    Buen reportaje. Con tu permiso lo c9mparto en Facebook

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  5. Avatar de SUKI

    Gracias Mer, cuídate compañera✌️

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  6. Avatar de Angie

    Que fascinante poder conocer esta historia de grandes » mujeres bikers». A mi me nació éste maravilloso gusto por las motos desde los 11 años que mi papá me compró mi primer moto ,una carabela automática, pasaron los años , tuve varias motos más desde choppers,turismo,motonetas, de pista , y ahora una doble propósito,a mis 49 me encantaría poder viajar y recorrer lugares lejanos como ellas , apenas he conocido mi estado y uno que otro Lugarcito de la república mexicana.gracias por el reporte 👌🏻🏍️❤️🤘🏻🏍️❤️
    an7ar4@gmail.com

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  7. Avatar de SUKI

    Hola Angie, gracias a ti compañera, me alegra que te guste el reportaje. Si algún día te animas, aquí en España te espero, un abrazo, saludos.

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