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CUANDO LA ROCA DECIDE CONVERTIRSE EN ARTE
A cuatro kilómetros de Buendía, entre pinares que huelen a resina y el agua quieta del embalse, hay un lugar donde dos hombres decidieron en 1992 que la roca no tenía por qué quedarse como estaba. Lo que empezó con un pico y un cortafrío se convirtió en uno de los museos al aire libre más insólitos de España.
Llevaba ya un rato rodando por la CM-2106 cuando empecé a ver los carteles. Ruta de las Caras. No sabía muy bien qué esperar. El nombre sugería algo entre parque temático y atracción de carretera, el tipo de cosa que uno pasa de largo con cierta condescendencia. Pero el embalse apareció a la derecha con ese azul oscuro que tienen los pantanos cuando el cielo está encapotado, y la carretera se estrechó entre los pinos, y algo cambió en el ritmo del viaje. Aparqué donde el asfalto se acababa y crucé el portal de madera.
La Ruta de las Caras de Buendía es un recorrido circular de poco más de dos kilómetros por un pinar de la Alcarria conquense, junto al Pantano de Buendía, en el que veinte esculturas y bajorrelieves de entre setenta centímetros y seis metros de altura emergen directamente de la roca arenisca. Sin pedestal, sin museo, sin distancia de seguridad entre el visitante y la obra. La roca es el lienzo y el soporte al mismo tiempo, y las figuras parecen haber estado siempre ahí, como si el pinar las hubiera ido descubriendo poco a poco en lugar de construyéndolas.
Fue declarada uno de los Lugares de Interés Turístico de Castilla-La Mancha, y en 2025 sigue creciendo: el conjunto no está terminado. Los escultores siguen trabajando. Eso también forma parte de lo que es este lugar.

| El origen: un pico, un cortafrío y una idea
En 1992, Eulogio Reguillo (reparador de fachadas de oficio), y Jorge Juan Maldonado (ceramista) visitaban con frecuencia este paraje junto al embalse, entonces popular por permitir la acampada libre en sus orillas. Un día decidieron que la roca arenisca que afloraba entre los pinos tenía una textura demasiado buena para dejarla como estaba. Empezaron a tallar. Sin encargo, sin presupuesto, sin institución detrás. Solo herramientas de mano y tiempo.

La primera escultura terminada fue La Monja, en 1992. Después llegaron más -un Buda, un Krishna de cuatro metros, un chamán, una calavera, una dama frente al agua- y la gente empezó a venir a verlas. Cuando alguien preguntaba adónde iban, los caminantes decían: a las caras. Y así se quedó el nombre.
Lo que comenzó como un proyecto personal de dos artistas sin más plan que el siguiente bloque de roca lleva más de treinta años creciendo. Algunas esculturas tardaron varios años en terminarse por la dureza de la piedra. Otras se han ido añadiendo en fechas recientes – la última documentada, La Cara del Poder, se terminó en enero de 2023. El conjunto sigue abierto.
| Las esculturas: qué te vas a encontrar
El recorrido está dividido en tres grupos según la ubicación, aunque no hay un orden obligatorio. Las esculturas no tienen numeración oficial: las vas encontrando según avanzas, sin aviso previo, lo que añade algo de descubrimiento al paseo.
Krishna es la más grande del conjunto: cuatro metros de alto por tres de ancho. La divinidad hindú tallada en roca arenisca con una precisión que cuesta imaginar trabajando a la intemperie con herramientas manuales. Impacta por su escala antes incluso de saber qué representa.
Maitreya – el Buda del Futuro es una de las primeras figuras que aparecen al entrar. Sereno, trabajado con la técnica de la sonrisa arcaica griega que los escultores usan en varias piezas del conjunto. Ese detalle – la sonrisa heredada de la antigüedad clásica en roca de Cuenca – dice mucho sobre el criterio de Reguillo y Maldonado.
De Muerte es una calavera de 2,6 metros tallada en la roca que bordea el pantano. Es la escultura que más contrasta con el paisaje apacible del embalse: esa tensión entre la figura de la muerte y el agua quieta detrás es uno de los momentos más potentes del recorrido.
La Dama del Pantano está situada frente al embalse, tallada como protectora del resto de las obras. Cuando el pantano está en sus niveles más altos, el agua llega casi a sus pies. Dependiendo de la época del año en que vayas, la verás más o menos sumergida en el paisaje. Una escultura que cambia con las estaciones.
Beethoven es un retrato de gran formato del compositor, tallado sobre una roca de proporciones considerables. Es la escultura que más desconcierta por su contexto: un músico clásico alemán del siglo XVIII mirando el Pantano de Buendía desde una roca arenisca de Cuenca. No se explica y no hace falta.
En la parte alta del tercer grupo aparecen la Cruz del Temple flanqueada por figuras talladas, la Virgen de la Flor de Lis – inspirada en la cripta de la Catedral de la Almudena, inacabada – y la Virgen de las Caras, patrona de Buendía, con el sol y la luna tallados en el manto.
El conjunto incluye también el Chamán, Chemary, el Genio, el Duende y varias figuras sin nombre oficial. Algunas tienen un cartel tallado en la propia roca con el título, el año y el autor. Otras no. Un detalle que merece mencionarse: a lo largo del recorrido encontrarás también algunas esculturas falsas, talladas por visitantes anónimos en la roca. Son fácilmente identificables por la diferencia de técnica y acabado. No restan, añaden otra capa a la historia del lugar.






| El pantano que esconde un pueblo
El Embalse de Buendía se inauguró en 1958 en el cauce del río Guadiela, afluente del Tajo. Su presa tiene 78 metros de altura y una capacidad de más de 1.600 hm³ en una superficie de más de 8.000 hectáreas. Junto con el de Entrepeñas ( con el que está comunicado por un túnel ) forma parte de lo que se conoce como el Mar de Castilla.
Lo que muy poca gente sabe – o recuerda – es que bajo las aguas del pantano quedaron sumergidos el pueblo de Santa María de Poyos y el histórico Balneario de La Isabela, uno de los más frecuentados de Castilla en el siglo XIX, al que acudía la nobleza y la alta sociedad de la época. En años de sequía extrema, cuando el nivel del embalse baja lo suficiente, los restos de las construcciones reaparecen brevemente en la superficie. El pantano como archivo involuntario.
En verano, el embalse tiene playas habilitadas accesibles desde el recorrido de las Caras. El agua es limpia y el entorno tranquilo. La combinación -ruta de esculturas por la mañana, baño en el pantano al mediodía – funciona perfectamente.

| Información práctica
Dónde está: Paraje La Península, Buendía, Cuenca. A 4 km del casco urbano. A 86 km de Cuenca capital, 140 km de Madrid y 85 km de Guadalajara.
Entrada: Gratuita. Acceso libre sin horarios, todos los días del año.
Aparcamiento: Gratuito, habilitado para coches y autobuses junto al inicio del recorrido. Merendero con mesas y bancos a la entrada.
Recorrido: Circular, ~2 km, señalizado. Dificultad baja. ~1 hora. Apto para bicicletas salvo algún tramo puntual. No apto para sillas de ruedas ni carritos.
Mascotas: Permitidas con correa.
Visitas guiadas: Disponibles previa reserva. 2 €/adulto, niños gratis, 1,5 h de duración — oficaturismobuendia@gmail.com
| Cómo llegar en moto desde Cuenca
Desde Cuenca capital la ruta más directa es la CM-2106 hasta Sacedón y desde allí por la CUV-8031 hasta Buendía. Son 86 kilómetros con paisaje de Alcarria: llanuras abiertas, pinos, algún pueblo dormido en la curva. No es la carretera más espectacular de la provincia, pero tiene su cadencia.
Desde Madrid, la A-3 hasta Tarancón y luego la CM-310 es la opción más directa: poco más de dos horas. La N-320 desde Guadalajara es más lenta pero más interesante, bordeando los embalses del Mar de Castilla con el agua apareciendo entre los pinos.
Una vez en Buendía, la señalización hacia el aparcamiento de la ruta es clara desde el casco urbano. La pista de acceso es totalmente asfaltada hasta el parking – no hay gravilla, no hay sorpresas. En moto, aparcar junto al merendero y entrar a pie.

| Qué ver en los alrededores
Buendía medieval merece una vuelta antes o después de la ruta. El casco urbano conserva trazado medieval, restos de muralla con tres puertas, la Iglesia de la Asunción – gótica con fachadas herrerianas del XV-XVI -, una Plaza Mayor porticada y el curioso Museo del Carro en un pósito del siglo XV.
A pocos kilómetros, cerca de Cañaveruelas, están los restos de Ercávica: una ciudad romana sobre una meseta con vistas al embalse. Foro, termas, domus. Poco masificado, bien conservado y con una perspectiva del territorio que da contexto a todo lo demás.
El río Guadiela, aguas abajo de la presa, forma una pequeña hoz antes de llegar a Guadalajara. El sendero PR-CU 47 recorre sus orillas hasta la Ermita de la Virgen de los Desamparados, encajada en la roca con el río a los pies. Menos de una hora desde Buendía.
Y si la jornada da para más: en el embalse se puede contratar piragua, paddle surf, kayak, escalada y barranquismo en el cañón del Guadiela. Para quien quiere más que dos kilómetros de paseo.

| Consejos antes de arrancar
✓ Mejor entre semana o a primera hora – en verano y fines de semana el parking se llena.
✓ Calzado de campo. El sendero tiene algún tramo con raíces y escalones tallados en la roca.
✓ En verano, llevar bañador y toalla. Hay acceso a una playa natural del embalse desde el recorrido.
✓ El merendero tiene mesas y bancos. Llevar comida y agua – en el parking no hay bares.
✓ Las esculturas no tienen orden oficial. Se puede empezar por el grupo 1 (más cerca del parking) o por el 3 (más espectacular). El circular te devuelve al mismo punto.
✓ La luz de primera hora y la del atardecer cambian completamente la percepción de las esculturas. Evitar el mediodía de verano.
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| Un museo que no sabe que es un museo
Cuando salí del recorrido y crucé de vuelta el portal de madera, me quedé un momento en el merendero con el olor del romero todavía en la ropa. Lo que acababa de ver no encaja en ninguna categoría limpia: no es exactamente arte urbano, no es senderismo, no es turismo cultural en el sentido convencional. Es algo que solo existe porque dos personas decidieron, un día de 1992, que la roca podía ser otra cosa.
Eso es lo que hace especial la Ruta de las Caras. No la monumentalidad de las esculturas ni la rareza del conjunto, aunque las dos cosas estén ahí. Es que el lugar no tiene ninguna obligación de existir. Nadie lo encargó. Nadie lo financió. Nadie lo inauguró con discurso. Empezó como un proyecto personal y siguió por inercia propia, por acumulación de horas de trabajo y de visitantes que volvían y contaban que habían estado allí.
Hay algo en eso que a los que viajamos en moto nos resulta familiar. Los mejores lugares no son los que alguien decidió que había que ver. Son los que uno encuentra porque iba a otro sitio y paró.

| Mapa Ruta de las Caras y Serranía de Cuenca: lugares imprescindibles
Este mapa reúne algunos de los lugares más representativos de la provincia de Cuenca, combinando la singular Ruta de las Caras con enclaves naturales como la Ciudad Encantada o el Nacimiento del Río Cuervo.
Una forma sencilla de organizar una ruta completa por la Serranía de Cuenca.
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