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La historia del motero que imaginó el Großglockner High Alpine Road, una obra maestra de ingeniería suspendida entre glaciares, curvas infinitas y los paisajes más salvajes de los Alpes austríacos.
Hay lugares tan impresionantes que cuesta aceptar que alguien los haya dibujado primero sobre un papel.
El Großglockner es uno de ellos.
Cada vez que conduzco por esta carretera tengo la misma sensación: la de estar atravesando algo que parece imposible. Una cinta de asfalto suspendida entre glaciares, montañas gigantescas y curvas que parecen abiertas directamente dentro de la roca. Todo encaja tan perfectamente en el paisaje que cuesta distinguir dónde termina la ingeniería y dónde empieza la naturaleza. Y quizá ahí reside precisamente la grandeza del Großglockner.
Porque esta carretera no fue construida únicamente para conectar dos puntos de Austria. Fue concebida para emocionar. Para convertir el viaje en parte esencial del paisaje alpino. Para hacer que cada curva tuviera sentido.
Detrás de esa idea estaba Franz Wallack. Un ingeniero austríaco que entendía la montaña de una manera completamente distinta a la mayoría de los hombres de su tiempo.
Cuando hoy vemos el Großglockner High Alpine Road solemos pensar en una de las carreteras más espectaculares del mundo. Lo que pocos viajeros conocen es la historia de la persona que consiguió imaginarla décadas antes de que existiera.
Y cuanto más lees sobre Wallack, más entiendes que el Großglockner no es una casualidad.
Es la obsesión de un hombre convertida en carretera.

| El hombre que entendía las montañas
Franz Wallack nació en Viena en 1887, pero su verdadera vida comenzó lejos de la ciudad, entre montañas y pasos alpinos. Desde muy joven desarrolló una relación casi obsesiva con los Alpes. No era únicamente ingeniero. También era montañero, excursionista y un apasionado absoluto del paisaje alpino. Y eso marcaría completamente su forma de trabajar.
Porque Wallack no veía las carreteras únicamente como infraestructuras técnicas. Para él, una carretera debía integrarse en el entorno, respetarlo y potenciarlo visualmente. Algo que hoy puede sonar relativamente moderno, pero que en los años veinte era una idea prácticamente revolucionaria.




En aquella época, la mayoría de proyectos de ingeniería priorizaban la funcionalidad por encima de cualquier otra cosa. Lo importante era construir rápido, conectar territorios y superar obstáculos naturales.
Wallack pensaba diferente. Creía que la montaña no debía ser conquistada. Debía ser comprendida.
Y esa filosofía terminaría convirtiéndose en el alma del Großglockner.

| El sueño de construir una carretera imposible
A comienzos del siglo XX, muchas zonas alpinas de Austria seguían prácticamente aisladas. El turismo empezaba lentamente a desarrollarse, pero gran parte de las regiones de alta montaña eran inaccesibles durante buena parte del año.
La idea de construir una gran carretera alpina atravesando el macizo del Großglockner parecía, sinceramente, una locura.
No solo por la altitud.
También por el clima extremo, las avalanchas, las enormes acumulaciones de nieve y la dificultad técnica de trabajar en plena alta montaña.
Pero precisamente ahí apareció Wallack.
En 1924 recibió el encargo de desarrollar el proyecto de la futura carretera alpina del Großglockner. Y lo primero que hizo demuestra perfectamente el tipo de persona que era.
Antes de empezar a diseñar nada, decidió recorrer Europa para estudiar otras carreteras de montaña.
Durante meses viajó por distintos países analizando puertos alpinos, curvas, sistemas de drenaje, integración paisajística y soluciones técnicas utilizadas en montaña. No quería limitarse a copiar modelos existentes. Quería entender cómo debía sentirse una gran carretera alpina.
Y sobre todo quería crear algo distinto. Algo que no pareciera una herida artificial atravesando los Alpes.

| La filosofía de Franz Wallack: la carretera debía formar parte de la montaña
Hay una frase de Franz Wallack que explica perfectamente toda su visión:
“Sería arrogante intentar superar la naturaleza con la tecnología.”
Y cuando recorres hoy el Großglockner entiendes inmediatamente lo que quería decir.
La carretera nunca intenta imponerse al paisaje. No compite con las montañas. No busca protagonismo.
Se adapta. Desaparece. Se integra.
Las curvas parecen seguir la lógica natural de la montaña. Los miradores aparecen justo donde el paisaje explota visualmente. Incluso los túneles y muros de piedra mantienen una estética que encaja perfectamente con el entorno alpino.
Nada parece casual. Y probablemente no lo era.
Wallack supervisaba personalmente gran parte del trazado. Pasaba semanas enteras recorriendo las montañas para decidir dónde debía abrirse cada curva y cómo debía aparecer cada vista panorámica.
No estaba diseñando solo una carretera. Estaba diseñando una experiencia.

| Construir el Großglockner: cinco años luchando contra los Alpes
Las obras comenzaron oficialmente en 1930 y rápidamente quedó claro que el desafío era gigantesco.
Trabajar allí arriba significaba enfrentarse continuamente a la montaña. Nieve, frío extremo, tormentas, desprendimientos, avalanchas, explosiones controladas sobre roca, miles de trabajadores pasaron años viviendo en condiciones durísimas para conseguir abrir paso a través de los Alpes austríacos.
En algunos momentos llegaron a trabajar más de 4.000 personas simultáneamente, y aun así, la carretera avanzaba lentamente, porque el Großglockner no permitía errores.

Todo debía adaptarse al relieve natural. Las pendientes debían mantenerse relativamente suaves para los vehículos de la época. Y además la carretera tenía que resistir uno de los climas más extremos de Europa. Lo increíble es que, pese a todas las dificultades, el proyecto se terminó en apenas cinco años.
Fotos históricas de Grossglockner Hochalpenstrasse, nos muestran la dificultad y las condiciones en las que trabajan los Grohagger, así se les llamó a los trabajadores del Glockner, se les consideraba auténticos héroes.











En 1935 la Großglockner High Alpine Road fue inaugurada oficialmente.
Y Austria acababa de crear una de las grandes carreteras panorámicas del planeta.


| Mucho más que ingeniería
Lo fascinante de Franz Wallack es que nunca entendió el Großglockner únicamente como una obra técnica. Él sabía perfectamente que estaba construyendo algo emocional.
Por eso el trazado está lleno de pequeños momentos escénicos. Curvas abiertas hacia glaciares. Miradores que aparecen de repente. Cambios de paisaje perfectamente graduados. Ascensos que aumentan progresivamente la sensación de altura y aislamiento.
Incluso hoy, casi un siglo después, el recorrido sigue sintiéndose cinematográfico.
Primero aparecen bosques alpinos, después cascadas, más arriba llegan los grandes valles abiertos, y finalmente el paisaje se vuelve completamente mineral, salvaje y brutal. Todo parece pensado para provocar asombro.
Y seguramente esa era exactamente la intención.

Franz Wallack no solo construyó una carretera alpina.
Construyó una forma distinta de atravesar las montañas.
Entendió que la ingeniería podía convivir con la naturaleza sin destruirla visualmente. Comprendió que una carretera podía emocionar igual que un gran paisaje. Y consiguió crear una ruta que casi un siglo después sigue siendo una de las experiencias más impresionantes de Europa.
Cada curva del Großglockner habla un poco de él.
De su obsesión por los Alpes.
De su perfeccionismo.
Y de su manera de entender la montaña.
Quizá por eso, cuando recorres hoy el Großglockner, no sientes que estés atravesando una obra humana.
Sientes que la carretera siempre perteneció a ese lugar.



Explora y descubre
Großglockner: la carretera alpina más espectacular de Austria
48 km entre glaciares, valles y 36 curvas perfectas a 2.504 metros. La Grossglockner High Alpine Road es la carretera alpina más espectacular de Austria.
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