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Guía completa para visitar el Louvre en París: historia desde su fortaleza medieval hasta la pirámide de cristal, obras imprescindibles como la Mona Lisa y consejos prácticos para organizar tu recorrido.
| Cuando un museo es demasiado grande para un solo día (París, Francia)
Hay museos que visitas. Y hay museos donde te pierdes.
El Louvre es de estos últimos.
No es museo. Es laberinto de ocho siglos. Fortaleza medieval bajo tierra. Palacio real sobre ella. Y 35,000 obras de arte dispersas en 73,000 metros cuadrados de pasillos que se bifurcan, escaleras que suben a salas inesperadas, galerías que parecen no terminar nunca.
Llegas pensando que verás todo en una mañana. Sales seis horas después habiendo visto apenas un 5% de la colección, con los pies destrozados, la cabeza saturada de belleza, y la sensación de que el Louvre no se deja conquistar en una sola visita.
Se habita. Se recorre. Se respeta. Pero no se agota.

Hoy te voy a enseñar uno de los lugares más históricos de París y con más historia del mundo.
Llegué a París en moto desde el Valle del Loira. Dos días rodando entre castillos renacentistas. Aparqué en un parking cerca de Châtelet (18€/día, seguro para motos). Y caminé hacia la Pyramide du Louvre por el Jardin des Tuileries.
Era febrero. Cielo gris. Frío húmedo parisino que se mete en los huesos. Pero el Louvre emergía imponente al final del jardín: fachada neoclásica dorada bajo nubes bajas, y en el centro del Cour Napoléon, la Pirámide de cristal brillando como diamante imposible incrustado en el corazón de un palacio del siglo XVIII.
La cola para entrar serpenteaba alrededor de la pirámide. Turistas con paraguas. Grupos escolares. Parejas tomando selfies. Todos esperando para descender bajo el cristal hacia el museo más visitado del mundo: 10 millones de visitantes al año.
Compré mi entrada online (17€, ahorra cola). Bajé por la escalera en espiral bajo la pirámide. Y el mundo cambió.
Suspendia bajo el cristal. Luz filtrada cayendo desde arriba. Gente moviéndose en cámara lenta. Esa sensación de estar a punto de entrar en algo demasiado grande para procesarlo del todo.
Y entré.

| 800 años de historia: De fortaleza a palacio a museo
Cuando el museo es el edificio mismo
Aquí está el secreto del Louvre que la mayoría de turistas ignoran:
No entras solo a un museo. Entras a ocho siglos de historia francesa.
El Louvre no fue construido para ser museo. Fue construido para defender París. Luego para alojar reyes. Y solo después, casi por accidente, se convirtió en el museo que hoy conocemos.






Si quieres entender el Louvre, necesitas entender su historia. Porque el edificio mismo es obra de arte tanto como lo que contiene.
1190: La fortaleza de Felipe Augusto
Todo comenzó con Felipe II «Augusto», rey de Francia (1165-1223), quien mandó construir una fortaleza militar en 1190 para defender París de invasiones inglesas.
No era palacio. Era castillo defensivo con:
- Murallas gruesas de 3 metros
- Torres circulares en las esquinas
- Gran torre del homenaje de 30 metros en el centro
- Foso profundo alrededor
¿Dónde está esa fortaleza hoy?
Bajo tierra.
Cuando bajas por la escalera bajo la pirámide, antes de entrar a las salas del museo, hay un pasillo señalizado: «Louvre Medieval». Casi nadie lo visita porque todos corren hacia la Mona Lisa.
Pero yo fui. Y fue de las mejores decisiones.
Bajé más escaleras. Más profundo. Hasta llegar a las ruinas de la fortaleza original: paredes de piedra de 800 años. Fosos secos donde el agua fluía en el siglo XII. Los cimientos de la gran torre del homenaje (demolida en 1528).
Caminé por esos pasillos medievales tocando piedras que Felipe Augusto tocó. Viendo exactamente dónde estaba el castillo que defendió París durante siglos.
Vetustia subterránea que te atraviesa el pecho.
Porque el Louvre de arriba es hermoso, elegante, luminoso. Pero el Louvre de abajo es brutal, militar, oscuro. Y entender que todo lo de arriba está construido literalmente sobre esos cimientos guerreros… cambia cómo ves todo lo demás.







1360-1380: El castillo de Carlos V
En el siglo XIV, el rey Carlos V transformó la fortaleza en castillo residencial.
Añadió:
- Habitaciones confortables para la familia real
- Una biblioteca (que después se convirtió en la Biblioteca Nacional de Francia)
- Jardines interiores
- Decoración renacentista
Ya no era solo defensa. Era hogar.




1546-1682: El Palacio del Louvre
Francisco I (el mismo rey que acogió a Leonardo da Vinci en Clos-Lucé) decidió en 1546 hacer del Louvre su residencia oficial en París.
Demolió la vieja fortaleza medieval (excepto los cimientos) y construyó un palacio renacentista. Arquitectos sucesivos fueron ampliándolo:
- Enrique II añadió el ala oeste
- Catalina de Médici construyó el Palacio de las Tullerías (conectado al Louvre)
- Luis XIII y Luis XIV completaron el Cour Carrée (patio cuadrado central)
Durante 136 años, el Louvre fue residencia oficial de los reyes de Francia.
Hasta que Luis XIV, en 1682, se hartó de París y trasladó la corte a Versalles.
El Louvre quedó abandonado por la realeza. Ocupado por artistas, cortesanos sin dinero, academias…

1793: El museo público
Durante la Revolución Francesa, en 1793, el gobierno revolucionario decidió convertir el Louvre en museo público.
Idea radical para la época: el arte de los reyes debía pertenecer al pueblo.
Abrieron las colecciones reales (pinturas, esculturas, objetos) al público general. Gratis. Para que cualquier ciudadano pudiera admirar lo que antes solo veían nobles.


Napoleón Bonaparte expandió el museo enormemente:
- Saqueó arte de toda Europa durante sus conquistas
- Trajo esculturas griegas, egipcias, italianas
- Lo renombró «Musée Napoléon»
Cuando Napoleón cayó en 1815, muchas obras fueron devueltas. Pero muchas otras se quedaron.
Y el Louvre se convirtió en lo que es hoy: el museo más grande del mundo, con 445,000 obras (de las cuales solo 35,000 están expuestas).
| La experiencia del Louvre: Perderse es parte del ritual
Por qué no puedes «hacer el Louvre» en un día
Aquí está la verdad incómoda que nadie te dice:
No puedes ver el Louvre en un día. Ni en dos. Ni en cinco.
Si pasaras 30 segundos frente a cada una de las 35,000 obras expuestas, necesitarías 291 horas. Eso es 12 días completos sin parar.
Y eso solo las obras expuestas. Las 410,000 restantes están en almacenes.
Así que la pregunta no es «¿cómo veo todo el Louvre?». La pregunta es: «¿Qué quiero ver en el Louvre?»
Y luego aceptas que te perderás cosas. Muchas cosas. Obras maestras que ni siquiera sabrás que existen porque estarán en alas que no visitaste.
Y está bien.
Porque el Louvre no se conquista. Se habita durante unas horas. Se respeta. Y se promete volver.

Mi estrategia: Tres alas, seis horas, lo imprescindible
El Louvre se divide en tres alas:
- Ala Denon (sur): Arte italiano, francés, griego, egipcio
- Ala Sully (este): Antigüedades egipcias, griegas, Louvre medieval
- Ala Richelieu (norte): Arte francés, esculturas, apartamentos de Napoleón III
Mi plan:
- 9:00-11:00: Ala Denon (Mona Lisa, Victoria de Samotracia, Venus de Milo)
- 11:00-12:30: Ala Sully (Egipto, Louvre medieval)
- 12:30-13:30: Descanso, almuerzo
- 13:30-15:00: Ala Denon (pintura italiana, galería de Apolo)
- 15:00-15:30: Ala Richelieu (esculturas francesas)
Total: 6 horas. Y aun así, vi apenas un fragmento.



| Las obras imprescindibles: Lo que no puedes perderte
1. La Mona Lisa: El selfie más buscado del mundo
Sala de los Estados. Ala Denon. Primer piso.
Llegué a las 9:30 (media hora después de la apertura). Ya había multitud frente al cuadro.
La Gioconda de Leonardo da Vinci está protegida tras cristal antibalas, rodeada de barreras que te mantienen a 4 metros de distancia. Guardias de seguridad controlan el flujo: puedes acercarte, hacer una foto rápida, pero no detenerte.
Es experiencia frustrante y fascinante al mismo tiempo.

Frustrante porque: no puedes contemplarla tranquilo. La ves durante 15 segundos, empujado por la multitud, mientras cien personas alrededor te bloquean la vista con sus móviles levantados.
Fascinante porque: es más pequeña de lo que esperas (77 x 53 cm), y aun así, hipnótica. Los ojos que te siguen. La sonrisa ambigua. El sfumato (técnica de difuminado) que hace que los contornos se desvanezcan suavemente.

Entiendes por qué es el cuadro más famoso del mundo. No solo por su calidad (que es extraordinaria), sino por su misterio. Quién es ella. Por qué sonríe así. Por qué Leonardo nunca lo terminó (trabajó en él 16 años y lo llevaba consigo a todas partes, retocándolo constantemente).
Me quedé 5 minutos. Hice mi foto obligatoria. Y me fui.
Pero aquí está el secreto: en la misma sala hay otros cuadros espectaculares que nadie mira porque todos están obsesionados con la Mona Lisa.
Justo enfrente está «Las Bodas de Caná» de Veronese (1563): cuadro gigantesco (6,77 x 9,94 metros) representando el milagro de Jesús convirtiendo agua en vino. Es obra maestra absoluta. Y puedes contemplarlo sin multitudes porque todos están dándole la espalda para fotografiar a la Gioconda.
Me quedé frente a Las Bodas de Caná. Y pasé 10 minutos ahí. Viendo detalles: los 132 personajes, los músicos (uno de ellos es supuestamente Veronese mismo), la arquitectura veneciana de fondo…
Silentitud en medio del caos turístico.

2. La Victoria de Samotracia: Cuando la escultura desafía la gravedad
Escalera Daru. Ala Denon.
Subí por la Escalera Daru y ahí estaba, en lo alto, como si acabara de aterrizar:
La Victoria de Samotracia (Nike de Samotracia), escultura griega del siglo II a.C.
Es diosa alada de la victoria posándose en la proa de un barco. No tiene cabeza (se perdió). No tiene brazos (también perdidos). Pero no los necesita.
Porque lo que comunica esta escultura no es su anatomía. Es movimiento puro.
Las alas desplegadas. La túnica pegada al cuerpo por el viento. El cuerpo inclinado hacia adelante con impulso de quien acaba de descender del cielo.
Es mármol. Piedra inerte. Y sin embargo, vuela.
Me senté en las escaleras (otros turistas hacían lo mismo) y la observé desde abajo. Desde ese ángulo, con la luz natural cayendo desde las ventanas superiores, parece realmente estar suspendida en el aire, a punto de alzar el vuelo otra vez.
Suspendia escultórica.
No necesitas entender arte griego para sentir esto. Solo necesitas mirar. Y dejar que el mármol te cuente su historia de victoria, de triunfo, de dioses que bajan del Olimpo para bendecir batallas.

3. La Venus de Milo: Belleza griega que perdura 2,000 años
Sala 16, Ala Sully, planta baja.
Bajé a la sección de Antigüedades Griegas y caminé por salas llenas de estatuas hasta llegar a una sala circular donde, en el centro sobre un pedestal, está ella:










La Venus de Milo (Afrodita de Milo), escultura griega del 130 a.C.
Tampoco tiene brazos (se perdieron cuando fue descubierta en 1820 en la isla de Milo).
Pero de nuevo: no importa.
Lo que importa es la perfección de proporciones. La suavidad del mármol que parece piel. El contrapposto (técnica griega donde el peso del cuerpo se apoya en una pierna, creando curva sutil en la cadera). La serenidad de su rostro.
Es ideal de belleza griega hecho piedra. Y 2,000 años después, sigue siendo hermosa.
Había menos gente aquí que en la Mona Lisa. Pude rodearla, verla desde todos los ángulos, sentarme en el banco lateral y simplemente contemplarla.
Cromancia de blancos y dorados (el mármol originalmente estaba pintado, pero el color se perdió con los siglos, dejando solo la piedra blanca que hoy consideramos «clásica» pero que en realidad es accidente del tiempo).

4. La Galería de Apolo: Oro, diamantes y el poder del Rey Sol
Ala Denon, primer piso.
Caminé por pasillos de pintura italiana hasta encontrar una puerta que daba a una sala larga, estrecha, con techo abovedado completamente cubierto de pinturas, esculturas doradas y estucos que brillaban bajo la luz de arañas de cristal.
La Galería de Apolo.
Fue diseñada por Luis XIV (el Rey Sol) para glorificar su poder asociándolo con Apolo, dios griego del sol. Los mismos artistas que trabajaron aquí luego crearon la Galería de los Espejos en Versalles.
Es sobrecarga barroca absoluta. Oro por todas partes. Pinturas en el techo representando el triunfo de Apolo sobre las fuerzas de las tinieblas. Esculturas de dioses flanqueando las ventanas.
Y en el centro de la sala, dentro de vitrinas de cristal: las Joyas de la Corona francesa.
800 piedras preciosas. Tres diamantes históricos:
- El Regente (140,64 quilates)
- El Sancy (55,23 quilates)
- El Hortensia (20 quilates, rosa pálido)
Y la Espinela Costa de Bretaña, rubí de 105 quilates que perteneció a Ana de Bretaña en el siglo XV.
Son hermosos, sí. Pero lo que transmiten es poder. Riqueza acumulada durante siglos. El mensaje de Luis XIV: «Soy el sol que ilumina Francia. Y tengo las joyas para probarlo.»
Cromancia del oro que ciega.








5. El Escriba Sentado: 4,500 años mirándote
Ala Sully, planta baja. Antigüedades Egipcias.

Entre sarcófagos, momias y jeroglíficos, hay una vitrina con una escultura pequeña de piedra caliza pintada:
El Escriba Sentado (2600-2350 a.C., Reino Antiguo de Egipto).






Es hombre sentado con las piernas cruzadas, papiro desenrollado sobre las rodillas, listo para escribir. Los ojos están incrustados con cristal de roca, cobre y magnesio, creando mirada inquietantemente viva.
Te mira. 4,500 años después de ser tallado, te mira.
Y sientes que te juzga. Que evalúa si eres digno de que él registre tu historia en su papiro.
Es una de mis esculturas favoritas del Louvre. No por su tamaño (es pequeña). No por su técnica (es simple). Sino por su presencia. Por cómo un objeto de hace 45 siglos puede hacerte sentir observado, juzgado, medido.
Vetustia que aún respira.

| Los lugares secretos: Lo que los turistas se pierden



1. Los Apartamentos de Napoleón III
Ala Richelieu, primer piso.
Casi nadie sube aquí. Todos están en Denon persiguiendo a la Mona Lisa.
Pero si subes, encuentras los Apartamentos de Napoleón III (sobrino de Napoleón Bonaparte, emperador 1852-1870): salones decorados con lujo absoluto del Segundo Imperio francés.
Terciopelo rojo. Arañas de cristal. Espejos dorados. Muebles tallados. Es como entrar en Versalles pero más íntimo, más recargado, más demasiado.
Y lo mejor: estás casi solo. Puedes sentarte en los bancos. Contemplar los techos pintados. Imaginar las fiestas imperiales que se celebraron aquí.
Silentitud dorada.


2. El Louvre Medieval (bajo tierra)
Ya lo mencioné antes, pero lo repito porque casi nadie baja.
Antes de entrar a las salas del museo, hay señales: «Louvre Medieval». Sigues las flechas. Bajas escaleras. Y llegas a las ruinas de la fortaleza original de 1190.
Paredes de piedra de 800 años. Fosos secos. Cimientos de la torre del homenaje.
Es gratis (incluido en tu entrada). Toma 20 minutos. Y te da contexto histórico que transforma cómo ves todo lo demás.



3. Los patios de esculturas (Cour Marly y Cour Puget)
Ala Richelieu, planta baja.
Dos patios interiores cubiertos con techo de cristal, llenos de esculturas francesas de los siglos XVII-XIX.
Los Caballos de Marly (réplicas; los originales están en el Louvre) son espectaculares: caballos gigantes siendo domados por hombres musculosos, esculpidos por Guillaume Coustou en 1745 para adornar la entrada del Château de Marly (residencia de Luis XIV).
La luz natural cayendo desde el techo de cristal crea sombras dramáticas. Y al estar techados, puedes visitarlos incluso con lluvia.
Son jardín escultórico bajo techo. Hermoso, tranquilo, ignorado por la mayoría.

| Todas las Salas del Museo de Louvre:
- DE «LA GIOCONDA» A «LAS BODAS DE CANÁ» La sala de los Estados
- UN IDEAL DE BELLEZA GRIEGA La sala de la Venus de Milo
- UNA ESCALERA PARA LA VICTORI A La escalera Daru
- LA GUARDIANA DEL ARTE EGIPCIO La cripta de la Esfinge
- EL MUSEO EGIPCIO DE CHAMPOLLION El Museo Carlos X
- PINTURA ITALIANA EN PERSPECTIVA La Gran Galería
- SOL, ORO Y DIAMANTES La galería de Apolo
- CUANDO LOS PINTORES FRANCESES PENSABAN A LO GRANDE Las salas rojas
- TRES SIGLOS DE ESCULTURA ITALIANA La galería Miguel Ángel
- RETRATOS DE EMPERADORES ROMANOS EN LOS SALONES DE UNA REINA Aposentos de verano de Ana de Austria
- LOS ALBORES DEL RENACIMIENTO EN EL PALACIO DEL LOUVRE La sala de las Cariátides
- LAS ARTES DEL ISLAM El patio Visconti
- VIAJE POR EL PALACIO DE SARGÓN II El patio Jorsabad
- TESOROS DEL MEDITERRÁNEO ORIENTAL La galería de Angulema
- UN JARDÍN ESCULTÓRICO BAJO TECHO Los patios Puget y Marly
- EL BOATO DEL SEGUNDO IMPERIO Los aposentos Napoleón III
- EN HONOR A UNA REINA DE FRANCIA La galería Medici
- EL ARTE DE VIVIR EN LA CORTE DE FRANCIA Mobiliario y objetos de arte del siglo 18
- UN MUSEO CON CABIDA PARA TODAS LAS ARTES El pabellón de Sesiones
- DIBUJOS, ESTAMPAS Y PINTURAS AL PASTEL La rotonda Sully
- UN JARDÍN REAL ABIERTO AL PÚBLICO El jardín de las Tullerías
| Las 5 pirámides y el misterio de los 666 paneles
Cuando la arquitectura moderna genera leyendas
No puedes hablar del Louvre sin hablar de la Pirámide.
Fue diseñada por el arquitecto chino-estadounidense Ieoh Ming Pei e inaugurada en 1989 bajo el mandato del presidente François Mitterrand.
Y fue odiada al principio.

Los parisinos la llamaron «sacrilego» poner pirámide de cristal modernista en medio de palacio neoclásico del XVIII. Hubo protestas. Artículos furiosos en periódicos. Comparaciones con la Torre Eiffel (también odiada inicialmente, hoy amada).
Pero Mitterrand insistió. Y Pei la construyó.
Dimensiones:
- 21,64 metros de altura
- 35,42 metros de base cuadrada
- Inclinación de 51,7° (igual que la Gran Pirámide de Giza)
- 673 paneles de cristal laminado
¿673 paneles? Espera… ¿no eran 666?
Aquí empieza la leyenda.
Según teóricos de la conspiración, la pirámide tiene 666 paneles (el número de la Bestia en el Apocalipsis). Mitterrand supuestamente era masón o illuminati, y construyó la pirámide como símbolo oculto de poder satánico.
La verdad: tiene 673 paneles. No 666. La pirámide invertida bajo tierra tiene otros paneles, pero tampoco suman 666.
¿Por qué persiste el mito? Porque Dan Brown lo popularizó en El Código Da Vinci (2003), donde la pirámide invertida marca la tumba secreta de María Magdalena.
Es ficción. Pero la leyenda alimenta el turismo.
Y las cinco pirámides del Louvre (la grande + tres pequeñas en el patio + una invertida bajo tierra) siguen siendo uno de los símbolos más fotografiados de París.

| Lo que el Louvre me enseñó
Cuando la belleza es demasiada
Salí del Louvre a las 15:30 (6 horas después de entrar). Pies destrozados. Cabeza saturada. Ojos cansados de tanto ver.
Y me senté en un banco del Jardin des Tuileries, frente al estanque, mirando el Louvre a lo lejos.
¿Qué me enseñó?
Que la belleza en exceso agota.
No es queja. Es constatación. Cuando ves obra maestra tras obra maestra durante horas, tu cerebro eventualmente se satura. Deja de procesar. Las esculturas griegas empiezan a parecer iguales. Las pinturas italianas se mezclan. La magnificencia se vuelve normal.
Y entonces sales. Respiras aire fresco. Y te das cuenta de que necesitabas parar. Que seis horas fueron suficientes. Que ver más habría sido contraproducente.
El Louvre no se conquista. Se degusta en dosis.
Me enseñó que 800 años de historia pesan. Literalmente. Caminas sobre fortaleza medieval. Dentro de palacio renacentista. Mirando arte de 5,000 años. Y ese peso temporal se siente. No es opresivo. Es vetustia que te hace pequeño, que te recuerda que eres instante fugaz en río de tiempo que fluye desde faraones egipcios hasta hoy.
Y me enseñó gratitud. Por poder entrar a un lugar que antes solo veían reyes. Por poder estar frente a la Venus de Milo sin pagar fortuna. Por vivir en era donde el arte de milenios está disponible para cualquiera que quiera verlo.
Democracia convertida en museo.
«Si vas a París, ve al Louvre.
Pero no pretendas verlo todo.
Elige tres obras que quieras ver.
Piérdete por el camino.
Y promete volver.
Porque el Louvre no se conquista en un día.
Se habita durante una vida.«
– SUKI
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| Información práctica: Cómo sobrevivir al Louvre
Planifica o te perderás (literalmente)
Ubicación:
Rue de Rivoli, 75001 París
Metro:
- Línea 1: Palais-Royal / Musée du Louvre
- Línea 7: Palais-Royal / Musée du Louvre
Entradas:
Hay 4 entradas al Louvre:
- Pirámide Principal (la famosa): Cola más larga. Solo si compraste entrada online.
- Passage Richelieu (99 Rue de Rivoli): Menos gente. Acceso directo al Ala Richelieu.
- Porte des Lions (Quai François Mitterrand): Menos conocida. Casi sin cola. Abre solo ciertas temporadas.
- Carrousel du Louvre (centro comercial subterráneo): Acceso desde 99 Rue de Rivoli o desde metro. Buena opción si llueve.

Horarios:
- Lunes: Cerrado
- Martes: Cerrado
- Miércoles-Domingo: 9:00-18:00
- Viernes: 9:00-21:45 (nocturno)
Cerrado: 1 enero, 1 mayo, 14 julio (por la mañana), 25 diciembre
Precios (2026):
- Adultos: 17€
- Menores de 18: Gratis
- 18-25 años (UE): Gratis
- Viernes después de 18:00 (menores 26): Gratis
- Primer domingo de cada mes (octubre-marzo): Gratis
Compra online: www.louvre.fr (ahorra 1-2 horas de cola)
Tiempo necesario:
- Exprés (3 obras iconicas): 2 horas
- Visita corta: 3-4 horas
- Visita completa (imposible): 6-8 horas
- Visita exhaustiva: Varios días
Consejo de oro:
Llega a las 9:00 (apertura): Menos gente, especialmente en la Mona Lisa
Ve primero a lo más concurrido (Mona Lisa, Victoria, Venus) y luego explora zonas tranquilas
Viernes nocturno (18:00-21:45): Menos turistas, ambiente mágico con iluminación especial
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Dónde comer:
- Dentro del Louvre:
- Café Mollien (terraza con vistas)
- Café Richelieu
- Restaurante Le Grand Louvre
- Cerca:
- Angelina (famoso por su chocolate caliente, 5 min caminando)
- Jardines de las Tullerías (picnic)
Accesibilidad:
- Sillas de ruedas: Acceso completo (ascensores, rampas)
- Alquiler de sillas: Gratis (preguntar en información)
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| Los otros museos de París (si te sobra tiempo)
Musée d’Orsay (15 min caminando desde el Louvre)
Impresionismo: Monet, Renoir, Van Gogh, Degas
Entrada: 16€
Museo Rodin (jardín de esculturas)
El Pensador, El Beso, Las Puertas del Infierno
Entrada: 13€
Centre Pompidou (arte contemporáneo)
Picasso, Kandinsky, Matisse
Entrada: 15€
Museo de la Orangerie (en las Tullerías)
Los Nenúfares de Monet (salas ovales diseñadas para ellos)
Entrada: 12,50€
| Próximo destino en París: Shakespeare and Company
Después de seis horas entre obras maestras del Louvre, necesitas un lugar que te devuelva a escala humana. Un refugio de papel y tinta donde el arte no cuelga de paredes sino que duerme en estantes esperando ser descubierto.
A 15 minutos caminando desde el Louvre, cruzando el Sena por el Pont Saint-Michel, está Shakespeare and Company: la librería más legendaria de París, la que acogió a Hemingway, a Joyce, a la Generación Perdida. La que sigue siendo refugio de escritores, viajeros y soñadores.
No es solo librería. Es santuario literario. Y merece su propia visita, su propia crónica, su propio tiempo.







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