
137.719 visitas
72 ediciones. Dos mil años de piedra. Una Fedra que regresa de los Infiernos y deja sin palabras a un teatro lleno hasta la última grada. Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida 2026.
Fedra en los Infiernos: una noche que el Teatro Romano de Mérida no va a olvidar fácilmente
Llegué al Teatro Romano de Mérida sabiendo que iba a emocionarme.
No por la obra. Todavía no sabía del todo lo que iba a ver.
Me emocioné antes de que empezara la función, mientras buscaba mi asiento en las gradas, mirando ese escenario rodeado de columnas que llevan dos mil años siendo testigo de historias que el tiempo no ha conseguido borrar. Este lugar hace eso. Te pone en un estado particular antes de que nadie haya dicho todavía una sola palabra. El cielo extremeño poniéndose detrás de las piedras, el murmullo del público acomodándose, esa manera que tiene el Teatro Romano de recordarte que estás sentada en uno de los lugares más extraordinarios del mundo.
Estaba en la 72ª edición del festival más antiguo de España, viendo el estreno absoluto de una obra que lleva dos mil años esperando ser contada de otra manera.
Y entonces se hicieron el silencio y la oscuridad. Y Fedra regresó de los Infiernos.

| Una mujer que reclama su historia
Llevaba siglos muerta y seguía sin poder descansar. No porque ningún dios la hubiera condenado. Sino porque ella misma no conseguía soltarse de lo que fue su vida. De la pasión que sintió por Hipólito, su hijastro. De las consecuencias. De la culpa. Y sobre todo de esa versión de sí misma que la Historia construyó durante siglos sin pedirle permiso.
José María del Castillo parte de una idea que es, en sí misma, una declaración de intenciones: ¿y si Fedra tuviera la oportunidad de regresar y contar su propia versión? Las Moiras, las Hermanas del Destino, le conceden esa segunda oportunidad. Y con ella llega el inevitable reencuentro con Hipólito, con Teseo, con todo lo que fue y todo lo que pudo haber sido.
Fedra no regresa para pedir perdón. Regresa para que la escuchen. Y esa diferencia lo cambia todo.
Porque esta obra no es solo la historia de un amor prohibido. Es una historia sobre los juicios que imponemos a los demás. Sobre las etiquetas con que condenamos a las personas por una sola decisión tomada en un momento de su vida. Sobre esa frontera difícil entre lo que uno siente y lo que se supone que debería sentir.
Preguntas que llevan siglos haciéndose. Pero que esa noche sonaron como si las estuviera escuchando por primera vez.

| Lydia Bosch: una Fedra que no pide comprensión, la exige
La Fedra de Lydia Bosch me atravesó.
No es la víctima del mito ni la villana de la tragedia clásica. Es una mujer que sabe que se equivocó y que al mismo tiempo no está del todo segura de haber podido hacer otra cosa. Esa contradicción, sostenida durante toda la función sin caer ni en el dramatismo fácil ni en la autoabsolución, es lo más honesto que vi en todo el espectáculo.
Hubo momentos en que el teatro entero se quedó en silencio. No el silencio de la incomodidad. El silencio de cuando algo en el escenario ha tocado algo verdadero en el público y nadie quiere moverse por miedo a romperlo.
Julio Peña como Hipólito me sorprendió. No es el objeto pasivo del deseo de Fedra: tiene sus propias dudas, su propio peso, y la tensión entre los dos funciona exactamente por eso.
Alejandro Albarracín construye un Teseo que te hace dudar de quién tiene razón. Y cuando un actor consigue eso, ya ha ganado.
Las Moiras, con Marta Calvó, Antonio Albella, Eva Diago y Yaiza Marcos, son uno de los elementos más inesperadamente frescos de toda la propuesta. Tienen carácter propio, humor propio, y una presencia que va mucho más allá de ser árbitras del destino.

| El escenario que ya es teatro antes de que empiece la función
He visto teatro en muchos lugares. Teatros preciosos, teatros históricos, teatros con toda la tecnología del mundo.
Pero el Teatro Romano de Mérida hace algo que ningún otro espacio que conozca consigue: te convierte en parte de la historia antes de que la función empiece. Las piedras tienen casi dos mil años. Generaciones enteras han sentado donde tú estás sentada ahora. Y cuando las luces se apagan y el escenario cobra vida, la sensación de que algo importante está a punto de ocurrir es tan física, tan concreta, que se siente en el pecho.
La puesta en escena dialoga con ese espacio en lugar de intentar competir con él. La iluminación aprovecha las columnas romanas de una manera que ningún teatro convencional podría replicar. La música envuelve las gradas con una acústica que solo es posible al aire libre, bajo ese cielo de Mérida en verano. Y hay momentos en que un actor parado en el centro del escenario, frente a ese fondo de dos mil años, consigue que la escena tenga una dimensión que el texto solo no podría generar.
Teatro total. En el sentido más literal.

| Las preguntas que se vienen a casa contigo
La mejor señal de que una obra ha funcionado es que las preguntas que plantea no se resuelven cuando se encienden las luces.
Salí del Teatro Romano de Mérida pensando en Fedra. En si podemos escapar de nuestro pasado. En si tenemos derecho a juzgar los deseos de los demás con la misma convicción con que juzgamos los nuestros. En si una persona puede quedar definida para siempre por una sola decisión, por una sola pasión, por un solo error.
No son preguntas nuevas. Los clásicos llevan siglos haciéndolas. Pero una buena obra consigue que suenen como si las estuvieras escuchando por primera vez. Esta noche lo consiguió.

| Diez minutos de pie
Cuando cayó el telón, el Teatro Romano de Mérida se puso en pie. Inmediato, unánime, sin que nadie lo organizara. La ovación duró más de diez minutos. Hay aplausos que son cortesía. Y hay aplausos que son otra cosa: el público devolviendo al escenario todo lo que recibió. Los de esa noche eran de los segundos. Y mientras aplaudía, mirando ese escenario lleno de luz después de dos horas de oscuridad y tragedia, pensé que quizás eso es exactamente lo que el teatro lleva siglos haciendo: dar voz a quienes no la tuvieron, o a quienes la tuvieron y no fueron escuchados. Y que hay pocos lugares en el mundo más apropiados para hacer eso que uno donde el ser humano lleva contando historias desde antes de que existiera el papel.
Fedra regresó de los Infiernos en Mérida.
Y el público la escuchó.
Explora y descubre
Echa un vistazo a mis últimos videos
Encuentra tu canal de difusión preferido:
| Información práctica
Información práctica
Teatro Romano de Mérida
Ubicación
Calle José Ramón Mélida, s/n, 06800 Mérida
Contacto
Entradas, horarios y precios
Entrada general: Tarifas y descuentos
Reserva con antelación. El aforo es limitado y las noches de agosto se agotan semanas antes.
| Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida 2026
La 72ª edición del Festival se celebra del 3 de julio al 30 de agosto de 2026, con una programación que convierte, una vez más, al Teatro Romano de Mérida en uno de los grandes escenarios culturales del verano en España.


| Qué ver en Mérida además del festival
Si ya estás en la ciudad, aprovecha. Mérida tiene uno de los conjuntos arqueológicos romanos mejor conservados de Europa: el Teatro Romano, el Anfiteatro, el Circo Romano, el Templo de Diana, el Arco de Trajano, el Puente Romano sobre el Guadiana y el Museo Nacional de Arte Romano, uno de los mejores museos de arqueología romana fuera de Italia.
Todo junto, a pie, en un solo día. Pocas ciudades de España lo hacen posible de esa manera.








Deja un comentario