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Hay edificios que no se visitan: se leen. La Catedral de Cuenca es uno de ellos. Ocho siglos de historia del arte escritos en piedra, vidrio y luz – desde el gótico normando que trajo Alfonso VIII hasta las vidrieras abstractas que en 1995 devolvieron la luz al templo después de setecientos años de oscuridad.
Aparqué la moto en la Plaza Mayor y me quedé un momento con el casco en la mano mirándola. La fachada neogótica tiene ese defecto de los finales del siglo XIX: quiere parecer antigua y sólo consigue parecerse a una idea de lo antiguo. Pero la catedral de Cuenca no está en la fachada. Está dentro. Y lo que hay dentro no se ve desde la plaza.
La Catedral de Santa María y San Julián de Cuenca empezó a construirse en 1196 por orden de Alfonso VIII, sobre el solar de la mezquita mayor de la Cuenca musulmana que él mismo había conquistado diecinueve años antes. Es considerada la primera catedral gótica de Castilla – un título que se disputa con la catedral de Ávila, pero del que Cuenca tiene sólidas razones para reclamar la primacía -, y debe su estilo al origen de la reina: Leonor de Plantagenet, hija del rey Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania, trajo consigo las influencias del gótico normando francés cuando llegó a Castilla como esposa de Alfonso. La catedral de Cuenca fue, en cierto sentido, su regalo a la ciudad.
Desde entonces no ha parado de crecer, cambiar, derrumbarse en parte y rehacerse. Hoy el edificio es un libro de historia del arte donde cada capítulo lleva una fecha diferente: el gótico original del XII, el plateresco y renacimiento del XVI, el barroco del XVII, la reconstrucción neogótica del XX, y la última página, aún fresca, las vidrieras abstractas de 1995 que cerraron ocho siglos con una apuesta radical por el arte contemporáneo. No hay catedral en España que condense tantos lenguajes en tan poco espacio.
| La fachada: lo que parece y lo que es
La fachada que ves hoy en la Plaza Mayor no es la original. Es la tercera. En 1902 se derrumbó la Torre del Giraldillo – una de las dos torres que flanqueaban la entrada – y arrastró consigo la fachada barroca que había sustituido al primer frente gótico. Lo que se levantó en su lugar durante las primeras décadas del siglo XX es un neogótico honesto pero inevitablemente de su tiempo: tres puertas de arco apuntado, un gran rosetón central flanqueado por dos pequeños, y sobre todo él la figura de San Julián, patrón de la ciudad, mirando la plaza. Es la única imagen de toda la fachada.
Un dato que pocos saben: bajo el Patio de la Limosna, accesible desde la visita, se conservan piezas originales del hundimiento de 1902: fragmentos de la torre caída y restos de la antigua fachada barroca. El desastre conservado como archivo involuntario.

| El interior: qué ver y en qué orden
El recorrido oficial sigue un orden lógico, pero conviene saber de antemano qué te vas a encontrar para no pasar por alto lo que merece detenerse. Estos son los espacios esenciales:
Las naves: el gótico original
Tres naves, columnas fasciculadas, bóvedas de crucero. El gótico normando en su momento más puro, con esa verticalidad que obliga a levantar la cabeza. Al entrar, antes de que la mirada se disperse, conviene detenerse en los pilares del crucero: en ellos hay marcas de cantero, casi invisibles, que son la firma de quienes levantaron el edificio hace ocho siglos.
Las vidrieras contemporáneas
Lo más inesperado y lo que más divide opiniones. En 1995, el Cabildo encargó a cuatro artistas de la Generación del 57 — Gustavo Torner, Gerardo Rueda, Bonifacio Alfonso y Henri Dechanet — la creación de 400 m² de vidrieras abstractas. El resultado: luz de colores proyectada sobre piedra gótica, formas que aluden al Big Bang, la cadena de ADN, la Divina Comedia, el Génesis y el Apocalipsis. Teología y ciencia en el mismo cristal.

El Arco de Jamete
Construido entre 1546 y 1550 por Francisco de Luna y Esteban Jamete, se encuentra en el brazo norte del crucero y comunica el templo con el claustro. Está considerado por muchos especialistas la mejor obra del Renacimiento español en el interior de un edificio. Dos columnas estriadas flanquean el arco; en las enjutas, bajorrelieves con Judit y Jael. Encima, el rosetón de Giraldo de Holanda (1549) con el árbol de Jesé en vidrio policromo. Es una parada larga.
La Sala Capitular y la Capilla Honda
La Sala Capitular tiene una sillería de madera perimetral y un artesonado del siglo XVI con casetones octogonales pintados en el XVIII. La Capilla Honda — o del Sagrado Corazón — se alcanza descendiendo por una escalera y tiene el techo más sorprendente de todo el edificio: un artesonado mudéjar con dos estrellas colgantes. Uno de los espacios menos fotografiados y más memorables.



El Triforio
El estrecho pasillo sobre las arcadas góticas al que se accede con la entrada. Desde aquí la perspectiva del interior cambia por completo: la catedral vista desde su propio tejado, con los vitrales a la altura de los ojos y la profundidad de las naves abriendo el abismo bajo los pies. Pocos visitantes suben. Es el mejor mirador del edificio.
El Patio de la Limosna
Se accede por el Arco de Jamete, cruzando el claustro. Una puerta grande se abre a un espacio al aire libre que asoma directamente sobre la hoz del Huécar. El río, las paredes verticales del cañón y el cielo de Cuenca, todo de golpe, desde el interior de una catedral gótica. Es uno de esos momentos que no se anticipan y que no se olvidan.

| El Museo Tesoro: El Greco y ocho siglos de orfebreía
Adosado al edificio, en las tres primeras plantas del Palacio Episcopal, se encuentra el Museo Tesoro de la Catedral, diseñado por el propio Gustavo Torner. Diez salas con más de 200 piezas procedentes de la catedral y las parroquias de la Diócesis: arte medieval, una gran colección de tapices flamencos, trabajos de orfebreía, y – la pieza que no se puede pasar por alto – obras de El Greco. El mismo El Greco. Un discípulo directo de Leonardo da Vinci, Fernando Yáñez de la Almedina, también está representado aquí con una obra que trajo a España el lenguaje leonardesco por primera vez. No es el tipo de museo que se visita de paso.

| Las curiosidades que nadie cuenta en la audioguía
El milagro solar de San Julián
33 días antes y 33 después del solsticio de verano, los rayos del sol se alinean con la girola y los vitrales e iluminan directamente el arca que contiene los restos de San Julián. Al mismo tiempo, la luz de los vitrales laterales alumbra el cuadro de la Resurrección de Cristo. Casualidad o geometría intencionada de los maestros góticos: no se sabe con certeza.
Las campanas que ya no suenan
Desde el derrumbe de la Torre del Giraldillo en 1902, la catedral de Cuenca no tiene campanas. El campanario que la sostenía fue demolido por inestable y nunca se reconstruyó. Es una de las pocas catedrales de España en esa situación: presente en el paisaje sonoro de la ciudad durante siglos, hoy en silencio.
El ángel sin libro
Los doce ángeles que custodian los doce arcos de las naves llevan cada uno un libro. Todos menos uno, que sostiene una copa. Ese detalle ha alimentado durante siglos teorías sobre la presencia templaria en Cuenca y la posible custodía del Santo Grial en este edificio. El escudo de la ciudad – una estrella de ocho puntas sobre una copa – añade combustible a la leyenda.
El primer lunes de mes, 1 euro
Todos los primeros lunes de mes, la entrada a la Catedral cuesta un euro simbólico, destinado íntegramente a la restauración de uno de los retablos. Si tu ruta coincide con ese día, la visita tiene un argumento extra para no aplazarla.
| Información práctica
Dónde está
Plaza Mayor, Cuenca. En pleno casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Horarios
Julía–oct: L–D 10:00–19:30 h
Nov–mar: D–V 10:00–17:30 h · S y festivos 10:00–19:30 h
Abr–jun: D–V 10:00–18:30 h · S y festivos 10:00–19:30 h
Verificar en catedralcuenca.es antes de la visita.
Precios (con audioguía incluida)
Catedral: 5,50 € general — reducida para mayores 65, estudiantes -25 a y discapacitados
Catedral + Triforio: 6,30 €
Catedral + Museo + Triforio: 8 €
Familiar: 15 €
Visita nocturna (sábados puntuales): 12 €
Primer lunes de mes: 1 €.
Tiempo de visita
Catedral sola: ~1 hora. Con museo y triforio: ~2 horas. Con calma real: lo que haga falta.
♿ Accesibilidad
El recorrido principal está adaptado para personas con movilidad reducida, con acceso específico. Algunas capillas laterales no son accesibles.
Aparcamiento para motos
La Plaza Mayor es peatonal. Mejor aparcar en el casco nuevo y subir a pie al casco antiguo. Hay zonas de aparcamiento junto a las Casas Colgadas y cerca de la hoz del Júcar.
| Cómo llegar en moto y cómo encarar la visita
Cuenca tiene dos ciudades superpuestas: el casco nuevo, abajo, al que llegan las carreteras principales y donde está el aparcamiento razonable; y el casco antiguo, arriba, sobre la hoz del Júcar y el Huécar, al que se sube a pie. La catedral está en la Plaza Mayor del casco antiguo, a unos diez minutos andando desde el aparcamiento del puente de San Pablo.
La moto se deja abajo. La subida a pie es parte de la experiencia: la cuesta de la calle Alfonso VIII, las casas de colores asomadas al vacío, el sonido que cambia cuando llegas a la plaza. Hay quien llega en moto a Cuenca, aparca y sigue para la sierra sin entrar en la catedral. Es perfectamente comprensible y es un error que solo se comete una vez.
Mi recomendación: llegar por la mañana temprano, antes de las 11:00 h. La catedral con luz de mañana y sin grupos es otro edificio. Los vitrales de Torner con sol entrando por las naves no se repiten por la tarde.
| Un libro que nunca acaba de leerse
Cuando salí al Patio de la Limosna y vi el río y las hoces desde dentro de la catedral, entendí por qué alguien decidió construir esto aquí. No solo por la fe. Por la geografía. Porque hay lugares que piden un edificio así, que reclaman una arquitectura que esté a su altura. Y Cuenca, entre sus dos ríos y sus dos hoces, era uno de esos lugares.
La catedral de Cuenca no es el edificio más grande ni el más famoso de España. Pero es uno de los que tiene más capas. Cada visita devuelve algo diferente, porque cada siglo dejó aquí algo propio — y porque los artistas que vinieron en el XX decidieron no restaurar sino añadir, no imitar sino inventar. Eso no lo hace cualquier catedral.
Hay que verla con tiempo. Eso es todo.








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