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Aquí no descansa un rey.
Aquí terminó su viaje el hombre que quiso entender el universo
y dejó el mundo un poco más despierto.
Llegué en moto desde Chambord, siguiendo el curso del Loira hacia el oeste. Habían sido dos días recorriendo castillos de reyes, palacios de nobles, fortalezas medievales. Todos impresionantes. Todos hermosos. Todos vacíos de alma.
Pero Clos-Lucé es diferente.
Porque aquí no vivió un rey. Aquí vivió Leonardo da Vinci. Y aquí murió. El 2 de mayo de 1519, a los 67 años, lejos de su Italia natal, en un dormitorio pequeño con ventana al jardín.

El hombre que pintó la Mona Lisa. Que diseñó helicópteros 400 años antes de que el hombre volara. Que estudió anatomía humana cuando la Iglesia lo prohibía. Que dibujó máquinas de guerra, sistemas hidráulicos, puentes, ciudades ideales… Todo en cuadernos que llenaba obsesivamente con su escritura en espejo.
Murió aquí. En esta casa de piedra rosada a 500 metros del Château Royal d’Amboise. Solo. Sin familia. Sin patria. Acogido por un rey francés que lo admiraba y le dio el título que Italia nunca le dio: «Premier Peintre, Ingénieur et Architecte du Roi» —Primer Pintor, Ingeniero y Arquitecto del Rey.
Aparqué la moto en el parking (gratuito, pequeño, a 100 metros de la entrada). Me quité el casco. Respiré.
Y caminé hacia la casa donde el genio pasó los últimos tres años de su vida.
Necesitaba prepararme. Porque sabía que esto no sería visita turística normal. Sería peregrinación.
| La llegada de Leonardo: 1516, cruzando los Alpes en mula
Cuando Italia rechaza al genio y Francia lo acoge
Para entender Clos-Lucé, hay que entender por qué Leonardo vino aquí.
En 1516, Leonardo da Vinci tenía 64 años. Era famoso, sí. Pero también era viejo, cansado, enfermo. Su mano derecha estaba parcialmente paralizada (probablemente por un derrame cerebral). Ya no podía pintar como antes.
Y lo peor: Italia no lo quería.
Los Médici, sus antiguos mecenas en Florencia, lo habían abandonado. El Papa León X prefería a Miguel Ángel y Rafael, artistas más jóvenes, más rápidos, más dóciles. Leonardo era demasiado lento, demasiado perfeccionista, demasiado… raro. Empezaba proyectos y no los terminaba. Se obsesionaba con detalles que nadie más veía. Diseccionaba cadáveres humanos en secreto para estudiar anatomía.
Era genio. Pero era incómodo.
Entonces llegó la invitación de Francisco I, joven rey de Francia (21 años) que acababa de ganar la batalla de Marignano y conquistar Milán.

Leonardo da Vinci en la corte del rey de Francia François I , grabado del siglo XIX por Gustave Greux.
Francisco había conocido a Leonardo durante su campaña italiana. Quedó fascinado. No solo por sus pinturas. Por su mente. Por sus conversaciones sobre ingeniería, hidráulica, arquitectura, teatro, botánica…
Y le hizo una oferta que Leonardo no pudo rechazar:
«Ven a Francia. Vive en Clos-Lucé, junto a mi castillo de Amboise. No te pediré que pintes si no quieres. Solo quiero tu compañía. Tus ideas. Tus conversaciones.»
Le ofreció:
- Residencia vitalicia gratis
- Pensión anual de 1.000 escudos (fortuna en la época)
- Título oficial: Primer Pintor, Ingeniero y Arquitecto del Rey
- Libertad absoluta para trabajar en lo que quisiera
Leonardo aceptó.
En otoño de 1516, con 64 años, cruzó los Alpes montado en una mula.
Llevaba consigo:
- Tres cuadros: La Gioconda (Mona Lisa), San Juan Bautista, Santa Ana
- Sus cuadernos: Miles de páginas con dibujos, notas, inventos, observaciones
- Su asistente Francesco Melzi: joven noble italiano que lo acompañaba desde hacía años
- Su cocinero Battista de Vilanis

El viaje duró semanas. Cruzar los Alpes en mula a los 64 años, con la mano parcialmente paralizada, debió ser tortura.
Pero llegó. Y Francisco I lo recibió como a un padre.
Le dio las llaves de Clos-Lucé: mansión renacentista a 500 metros del castillo real, conectada por un túnel subterráneo secreto para que el rey pudiera visitarlo sin ser visto.
Y Leonardo se instaló. Y vivió aquí los últimos tres años de su vida.

| La casa: Entrar donde Leonardo vivió y murió
Cuando las paredes aún respiran su presencia
Compré la entrada (18€, incluye casa + jardines + parque de inventos) y entré.
La Maison du Clos-Lucé es mansión de ladrillo rojo y piedra de toba blanca, construida en 1471. Arquitectura renacentista francesa, elegante pero no ostentosa. Tres pisos. Torres laterales. Ventanas con marcos de piedra tallada.
Fue residencia de verano de los reyes de Francia antes de que Francisco I se la regalara a Leonardo.
Crucé el umbral. Y el mundo cambió.
Porque todo aquí está restaurado exactamente como era cuando Leonardo vivía.
No es museo vacío con carteles explicativos. Es casa habitada por fantasma vivo.

El estudio de Leonardo
Primera habitación: el estudio.
Paredes de piedra desnuda. Techo con vigas de madera oscura. Chimenea grande. Ventanas que dan al jardín. Mesa de trabajo cubierta de libros, pergaminos, instrumentos de dibujo.
Y en las paredes, reproducciones de sus páginas de cuadernos con dibujos anatómicos, bocetos de máquinas, estudios de botánica, notas escritas en espejo (Leonardo escribía de derecha a izquierda, técnica que desarrolló siendo zurdo).
Me quedé ahí largo rato. Mirando esos dibujos. Intentando imaginar a Leonardo sentado en esa mesa, con 65 años, la mano derecha paralizada, usando la izquierda para escribir, obsesionado con capturar en papel las ideas que explotaban en su cabeza más rápido de lo que podía dibujarlas.


Silentitud cargada de presencia.
Había más gente en la sala. Pero el silencio era absoluto. Como si todos sintiéramos lo mismo: estamos donde el genio trabajó. Donde pensó. Donde soñó.



El dormitorio: Donde murió el 2 de mayo de 1519
Subí las escaleras de madera gastada. Segundo piso.
Y entré al dormitorio de Leonardo.
Es pequeño. Humilde. Una cama con dosel de madera tallada. Una silla. Una mesa. Una ventana que da al jardín.
Nada lujoso. Nada ostentoso.
Solo una habitación donde un hombre viejo dormía, soñaba, y finalmente dejó de respirar.
Me senté en el banco junto a la ventana. Miré el jardín que Leonardo veía cada mañana al despertar. Árboles. Flores. El Loira fluyendo a lo lejos.
Y pensé: aquí murió. En esta habitación. En esta cama. El 2 de mayo de 1519.

Según la leyenda (probablemente falsa, pero hermosa), murió en brazos de Francisco I, quien lloró la muerte de quien llamaba «mon père» —mi padre.
La realidad histórica es menos romántica: Francisco I estaba en Saint-Germain-en-Laye (300 km de distancia) cuando Leonardo murió. No pudo estar presente.
Leonardo murió acompañado por Francesco Melzi, su asistente, quien escribió una carta devastadora al hermano de Leonardo en Florencia:
«Para mí era como el mejor de los padres. Mientras mi cuerpo tenga aliento, sentiré una tristeza perpetua. Me ha dejado afligido y consternado. La naturaleza no tiene poder de crear otro hombre como él.»
Aquí terminó una de las vidas más extraordinarias de la historia.


La Cámara de Margarita de Navarra
Antes de que el castillo se convirtiera en el hogar del pintor e inventor italiano Leonardo da Vinci durante 3 años, Clos Lucé fue residencia de verano de los reyes de Francia. Por ello, en el primer piso se encuentra el dormitorio de Margarita de Navarra, reina de Navarra y madre del futuro rey de Francia Enrique IV.
La capilla: Donde está (y no está) enterrado
En la planta baja hay una pequeña capilla.
Aquí, según la tradición, Leonardo fue enterrado inicialmente.
Pero su tumba tuvo historia turbulenta:
- 1519: Leonardo enterrado en la iglesia de Saint-Florentin, dentro del castillo de Amboise.
- 1802: Durante las Guerras Revolucionarias, la iglesia fue destruida. Los huesos fueron dispersados, perdidos, mezclados con otros.
- 1863: Excavaciones arqueológicas en las ruinas de Saint-Florentin encontraron un esqueleto que podría ser de Leonardo (altura correcta, edad correcta).
- 1874: Esos huesos fueron trasladados a la Chapelle Saint-Hubert del Château d’Amboise, donde están ahora en una tumba que dice: «Presuntos restos de Leonardo da Vinci».
Así que la verdad incómoda es: nadie sabe dónde están realmente los huesos de Leonardo.
Quizá en la capilla de Amboise. Quizá dispersos en algún osario. Quizá perdidos para siempre.
Pero la capilla de Clos-Lucé conserva su memoria. Y eso, de alguna forma, es suficiente.

| Los inventos: Cuando el genio cobra vida
40 máquinas reconstruidas según sus planos originales
Salí de la casa y bajé al sótano donde se exhiben las maquetas de los inventos de Leonardo.
Y aquí es donde Clos-Lucé se vuelve mágico.
Porque no son fotos. No son réplicas pequeñas tras cristales. Son máquinas a tamaño real reconstruidas según los planos originales de Leonardo.
Y puedes tocarlas. Moverlas. Hacerlas funcionar.

Pasé dos horas en el sótano. Tocando máquinas. Girando ruedas. Moviendo palancas. Leyendo los paneles explicativos que muestran el dibujo original de Leonardo al lado de la reconstrucción.

Y en cada invento, la misma sensación de asombro:
Este hombre estaba 500 años adelantado a su época.
Diseñó helicópteros cuando nadie había volado.
Diseñó tanques cuando las guerras se peleaban a caballo.
Diseñó submarinos cuando nadie entendía la presión del agua.
Diseñó automóviles cuando el transporte era animal.
¿Cómo?
¿Cómo una mente humana puede ver tanto sin tener la tecnología para construirlo?
No tengo respuesta. Solo asombro.
| El parque: Cuando los inventos crecen como árboles
7 hectáreas de jardines con 40 máquinas gigantes
Salí del sótano y caminé hacia el parque.
El Parque Leonardo da Vinci ocupa 7 hectáreas de jardines, bosques, prados. Y dispersas por todo el parque, 40 reconstrucciones gigantes de los inventos de Leonardo.
No son maquetas. Son máquinas a escala 1:1 que puedes usar.

El puente giratorio
Puente de madera de 15 metros que gira sobre un eje central. Los soldados podían girarlo para conectar dos orillas diferentes según necesitaran.
Está montado sobre un estanque. Puedes girar el puente tú mismo (con ayuda, pesa toneladas) y ver cómo funciona.
Caminé por el parque durante horas. Probando máquinas. Leyendo paneles. Sentándome en bancos a la sombra de robles centenarios.



Y en un momento, llegué a un puente de madera que cruza un arroyo.
Había un cartel:
«Este puente fue diseñado por Leonardo da Vinci en 1502 para cruzar el Cuerno de Oro en Estambul. Nunca se construyó en su época. En 2001, Noruega construyó un puente usando sus planos. Funciona perfectamente.»

Me senté en el puente. Toqué la madera. Pensé en Leonardo diseñando esto hace 522 años. Y en Noruega construyéndolo hace 25 años. Y funcionando perfectamente.
| El túnel secreto: El pasadizo del rey
500 metros bajo tierra conectando Clos-Lucé con el castillo real
Hay una leyenda hermosa en Clos-Lucé: el túnel secreto.

Según la tradición, Francisco I mandó construir un pasadizo subterráneo de 500 metros conectando Clos-Lucé con el Château Royal d’Amboise.
¿Por qué?
Para poder visitar a Leonardo sin que nadie lo supiera. Sin protocolo. Sin corte. Sin testigos.
El rey bajaba por una puerta secreta en su castillo. Caminaba por el túnel. Emergía en el sótano de Clos-Lucé. Subía las escaleras. Y pasaba horas conversando con Leonardo sobre arte, ciencia, ingeniería, filosofía…
Francisco lo llamaba «mon père» —mi padre. Y Leonardo lo trataba con el cariño que nunca pudo dar a sus propios hijos (no tuvo ninguno legítimo).
¿Existió realmente el túnel?
Sí. Documentos históricos lo confirman. Fue construido en el siglo XV (antes de Leonardo) como pasaje de escape en caso de ataque.
¿Se puede visitar hoy?
Parcialmente. Un tramo de 100 metros está abierto al público. Resto está sellado por seguridad (riesgo de derrumbe).
| El jardín renacentista: La flora que Leonardo estudió
Plantas medicinales, flores, hierbas que dibujó en sus cuadernos
Salí del túnel y caminé hacia el Jardín de Leonardo.
Es jardín renacentista recreado según las plantas que Leonardo estudió, dibujó y mencionó en sus cuadernos.
No es jardín decorativo normal. Es laboratorio botánico vivo.

Hay:
- Plantas medicinales que Leonardo investigó (manzanilla, lavanda, salvia, romero…)
- Flores que pintó en sus cuadros (lirios, rosas, iris…)
- Hierbas aromáticas que usaba en experimentos de alquimia
- Árboles frutales que estudió para entender geometría natural
Cada planta tiene cartel explicando:
- Nombre científico
- Usos medicinales en el Renacimiento
- Referencias en los cuadernos de Leonardo
Es jardín para oler, tocar, observar. No solo para mirar.
Me senté en un banco junto a un rosal. El sol de la tarde iluminaba las hojas con luz dorada. Abejas zumbaban entre las flores. Olor a lavanda flotaba en el aire.
Cromancia de verdes y violetas renacentistas.
Y pensé: Leonardo vio esto. Caminó por estos senderos. Tocó estas plantas. Las dibujó en sus cuadernos con detalle obsesivo porque para él, todo era digno de estudio. Una hoja. Una flor. Un insecto. Todo contenía secretos del universo esperando ser descubiertos.




| El legado de Leonardo da Vinci
La presencia de Leonardo da Vinci dejó una huella imborrable en el Castillo de Clos Lucé y en la región del Valle del Loira en su conjunto. Durante su estancia en el castillo, Leonardo continuó trabajando en sus pinturas y proyectos, y su influencia en la cultura y el arte se agudizó más allá de su tiempo.

Exposición interactiva
Hoy en día, el castillo alberga una variedad de exposiciones interactivas y eventos relacionados con el legado de Leonardo da Vinci.
| Cuando el genio te toca el alma
Hay lugares donde entiendes qué significa ser genio.
Clos-Lucé me enseñó que Leonardo no era solo pintor. Era observador obsesivo del universo. Todo le fascinaba: cómo vuelan los pájaros, cómo fluye el agua, cómo crecen las plantas, cómo se mueven los músculos bajo la piel.
No pintaba lo que veía. Pintaba lo que entendía. Por eso tardaba años en terminar un cuadro. Porque necesitaba entender perfectamente cada sombra, cada pliegue, cada reflejo de luz antes de plasmarlo en el lienzo.
Me enseñó que la curiosidad sin límites es forma de genialidad. Leonardo quería entender todo. Diseñó máquinas que no podían construirse en su época porque necesitaba saber si funcionarían en teoría. Estudió anatomía humana diseccionando cadáveres ilegalmente porque necesitaba entender cómo se conectaban los músculos con los huesos.
No le importaba si sus inventos se construían. Le importaba el proceso de entenderlos.
Y me enseñó tristeza hermosa: Leonardo murió lejos de Italia, la tierra que lo vio nacer y que lo rechazó. Murió en Francia, acogido por un rey que lo amaba pero que no hablaba su idioma natal. Murió sin haber terminado la Mona Lisa (trabajó en ella 16 años y nunca la consideró acabada). Murió sin ver construidos sus inventos. Murió sabiendo que la mayoría de la gente lo consideraba loco.
Pero también murió sabiendo que Francisco I lo llamaba padre. Que Francesco Melzi lo amaba como hijo. Que había llenado miles de páginas con ideas que algún día, quizá, alguien entendería.
Y 500 años después, aquí estamos. Millones de personas visitando su casa. Construyendo sus máquinas. Estudiando sus cuadernos. Maravillados ante su genio.
«Leonardo no pintaba lo que veía.
Pintaba lo que entendía.
Por eso tardaba años en terminar un cuadro.
Porque primero necesitaba entender
cada sombra, cada pliegue, cada reflejo de luz.
Murió en esta casa.
En un dormitorio pequeño con ventana al jardín.
A los 67 años. Lejos de Italia.
Sin haber terminado la Mona Lisa.
Sin ver construidos sus inventos.
Pero murió sabiendo
que había llenado miles de páginas
con ideas que algún día
alguien entendería.
Y 500 años después,
aquí estamos.
Construyendo sus máquinas.
Maravillados ante su genio.
Agradecidos por haber existido.
Clos-Lucé no es museo.
Es santuario laico
dedicado a la curiosidad sin límites..»
– SUKI
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| Información práctica para visitar Clos-Lucé
Cómo llegar, horarios, precios, consejos
Ubicación:
2 Rue du Clos Lucé
37400 Amboise, Francia
A 500 metros del Château Royal d’Amboise (10 min caminando)
Cómo llegar:
Desde Amboise centro: 10 min caminando (cuesta arriba)
En coche/moto desde París: 230 km (2h 30min)
- A10 dirección Tours
- Salida Tours, luego D31 hacia Amboise
En tren:
- París Austerlitz → Amboise (2h, directo o con cambio en Tours)
- Precio: 20-40€
- Desde la estación de Amboise: 15 min caminando hasta Clos-Lucé
Parking:
- Gratuito junto a la entrada (pequeño, se llena rápido en verano)
- Parkings públicos en Amboise centro (5 min caminando)
Horarios:
Enero: 10:00-18:00
Febrero-junio: 9:00-19:00
Julio-agosto: 9:00-20:00
Septiembre-octubre: 9:00-19:00
Noviembre-diciembre: 9:00-18:00
Abierto todos los días del año (incluido 25 diciembre y 1 enero)
Precios (2026):
Adultos: 18€
Estudiantes (18-25): 13€
Niños (7-17): 12€
Niños (<7): Gratis
Familia (2 adultos + 2 niños): 50€
Incluye: Casa + sótano de inventos + parque + jardines + túnel + audioguía
Audioguía: Incluida (español disponible)
Muy recomendable, explica cada habitación y cada invento con detalle
Tiempo recomendado:
- Casa sola: 1 hora
- Casa + inventos sótano: 2 horas
- Todo (casa + sótano + parque + jardines): 3-4 horas
Consejo: Reserva medio día completo. Vale cada minuto.
Si vas en moto:
- Parking gratuito seguro
- Puedes dejar casco y equipo en la moto (zona vigilada)
- Amboise es pueblo pequeño, fácil de recorrer
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| Qué ver en Amboise (mismo día)
Château Royal d’Amboise (500 metros)
- Residencia de Francisco I
- Tumba de Leonardo en la Chapelle Saint-Hubert
- Vistas espectaculares al Loira
- Entrada: 14€
- Tiempo: 1-2 horas
Combine los dos: Clos-Lucé (mañana) + Château d’Amboise (tarde) = día perfecto

Dónde comer en Amboise:
Le Patio (terraza junto al Loira, menú 25€)
L’Épicerie (cocina francesa moderna, 30€)
Chez Bruno (económico, comida casera, 15€)
Dónde dormir:
Le Manoir Les Minimes (hotel 4*, histórico, 120€)
Novotel Amboise (moderno, 90€)
Ibis Amboise (económico, 70€)
Qué ver cerca:
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Puedes recorrer el Valle del Loira viendo solo castillos de reyes. Chambord, Chenonceau, Blois, Azay-le-Rideau… Todos espectaculares.
Pero ninguno te tocará el alma como Clos-Lucé.
Porque aquí no vivió un rey. Aquí vivió el hombre que cambió la forma en que entendemos el mundo.
Aquí Leonardo soñó con volar. Diseñó máquinas imposibles. Estudió flores. Caminó por estos jardines con la mano paralizada, viendo cómo su cuerpo se apagaba pero su mente seguía ardiendo con ideas que nunca podría terminar.
Y aquí murió. Lejos de casa. Pero no solo.
Francisco I lo llamaba padre. Francesco Melzi lo amaba. Y Francia lo acogió cuando Italia lo rechazó.
No visites Clos-Lucé por obligación turística.
Visítalo como peregrinación.
Como homenaje a un hombre que vio más lejos que nadie.
Como gratitud por todo lo que nos regaló.
| MAPA – RUTA VALLE DEL LOIRA
En este mapa encontrarás todos los lugares que ver en el Valle del Loira imprescindibles.
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MAPA– Cómo llegar a Clos-Lucé en Amboise
Coordenadas Clos-Lucé:
47.4103° N, 0.9921° E
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