Qué ver en Rouen (Normandía), la ciudad de los cien campanarios donde Monet pintó la luz y Juana ardió en la hoguera

Qué ver en Rouen (Normandía), la ciudad de los cien campanarios donde Monet pintó la luz y Juana ardió en la hoguera

93.595 visitas

Descubre qué ver en Rouen, la joya medieval de Normandía: la catedral que obsesionó a Monet, el Gros Horloge de 1389 y la plaza donde fue ejecutada Juana de Arco. Guía completa con consejos prácticos.

| La capital medieval de Normandía que guarda 700 años de historia en cada piedra

Hay ciudades que se recorren. Y hay ciudades que te recorren a ti.

Rouen es de estas últimas.

Llegué en moto desde Giverny, tras una hora rodando por carreteras normandas que serpentean entre campos verdes y pueblos de piedra. Los 60 kilómetros que separan la casa de Monet de la capital de Normandía se recorren rápido, pero ese trayecto es mucho más que una transición geográfica. Es un viaje desde el jardín privado del maestro impresionista hasta la ciudad que él convirtió en icono universal pintándola 30 veces.

Qué ver en Rouen (Normandía), la ciudad de los cien campanarios donde Monet pintó la luz y Juana ardió en la hoguera

La D6015 se transforma en avenidas anchas según te acercas a Rouen. El río Sena aparece, plateado, dividiendo la ciudad en dos orillas: la ribera izquierda moderna, la derecha medieval. Y entonces, sobre los tejados del casco antiguo, emergen las agujas góticas. Decenas de campanarios perforando el cielo, como si toda la ciudad fuera una oración de piedra elevándose hacia lo alto.

Rouen se conoce como «la ciudad de los cien campanarios». Y no es exageración.

Rodé por las calles del casco antiguo, serpenteando entre adoquines medievales y casas con entramados de madera. La moto ronroneaba suave mientras el paisaje urbano se transformaba a mi alrededor: edificios modernos dando paso a fachadas de los siglos XV y XVI, avenidas anchas convirtiéndose en callejuelas estrechas.

Y entonces, al final de una recta, apareció.

La Cathédrale Notre-Dame de Rouen.

Su fachada gótica se alzaba como un telón de fondo imposible al final de la calle. Las agujas perforando el cielo normando. La piedra caliza brillando bajo el sol.

Aparqué justo enfrente, en la Place de la Cathédrale. Apagué el motor. Me quité el casco. Respiré ese aire de ciudad histórica que huele a piedra antigua, a río, a siglos acumulados.

Y desde ahí, con la catedral como punto de partida, me dispuse a recorrer el corazón medieval de Rouen.

Las calles del casco antiguo son un laberinto de adoquines y casas con entramados de madera –colombages– que se inclinan unas hacia otras como si se contaran secretos. Fachadas de los siglos XIV, XV, XVI, con vigas de madera oscura dibujando geometrías sobre paredes blancas o color crema. Algunas se inclinan tanto que parece que van a derrumbarse, pero llevan ahí cuatrocientos años desafiando la gravedad.

Y en cada esquina, una iglesia. Un campanario. Una torre. Una aguja gótica. Rouen es un bosque vertical de arquitectura religiosa.

Pero hay tres cosas que definen esta ciudad más que ninguna otra. Tres presencias que la habitan como fantasmas hermosos:

Claude Monet, que la pintó obsesivamente intentando capturar la luz cambiante sobre piedra gótica.

El Gros Horloge, el reloj astronómico medieval que lleva seiscientos años marcando el tiempo sobre un arco renacentista.

Juana de Arco, la joven que fue quemada viva aquí en 1431 acusada de bruja y hereje, y cuya memoria persiste en cada plaza, cada museo, cada cruz que marca el lugar donde ardió.

Rouen no se entiende sin estos tres pilares. Y yo venía a conocerlos todos.


| La Catedral de Notre-Dame: Cuando Monet pintó el tiempo

Treinta cuadros de piedra y luz

Caminé por la Rue du Gros-Horloge, la calle peatonal más antigua de Francia (desde 1971, aunque su origen es del siglo XIV), que conecta la Place du Vieux-Marché con la catedral. A ambos lados, tiendas, terrazas, turistas, vida urbana… pero también historia en cada fachada.

Y al final de la calle, como un telón de fondo imposible, apareció.

La Cathédrale Notre-Dame de Rouen.

Me detuve en seco.

No importa cuántas catedrales góticas hayas visto. No importa cuántas fotos de Rouen hayas mirado. Cuando la ves en persona, te corta el aliento.

Es asimétrica. Ese es su encanto más perturbador. La mayoría de las catedrales buscan la simetría perfecta, el equilibrio geométrico. Pero Rouen fue construida durante más de 700 años -del siglo XII al XIX- y cada época añadió su capa, su estilo, su obsesión arquitectónica. El resultado es una fachada que parece hecha por varios escultores que nunca se pusieron de acuerdo.

Torre de Saint-Romain (siglo XII) a la izquierda: románica, maciza, cuadrada.

Torre de la Mantequilla (siglo XVI) a la derecha: gótica flamígera, más alta, más decorada. (Se llama así porque fue financiada con las dispensas que la Iglesia vendía para permitir comer mantequilla durante la Cuaresma).

Y en el centro, elevándose 151 metros hacia el cielo, la aguja de hierro fundido (siglo XIX): la más alta de Francia, añadida después de que un rayo destruyera la original en 1822.

Qué ver en Rouen (Normandía), la ciudad de los cien campanarios donde Monet pintó la luz y Juana ardió en la hoguera

La fachada occidental está tan densamente decorada que parece encaje de piedra. Setenta figuras esculpidas entre 1362 y 1421. Santos, profetas, reyes, ángeles, demonios… todos tallados con un detalle obsesivo, erosionados por siglos de lluvia, viento y contaminación, pero aún reconocibles.

Me senté en un banco de la plaza, frente a la catedral, y simplemente miré.

Y entendí por qué Monet se obsesionó con ella.

Entre 1892 y 1893, Claude Monet alquiló una habitación en el segundo piso del Bureau des Finances (hoy oficina de turismo), justo frente a la catedral. Desde esa ventana, pintó la fachada occidental treinta veces.

Treinta cuadros. El mismo motivo. La misma piedra gótica.

Pero todos completamente diferentes.

Porque Monet no pintaba la catedral. Pintaba la luz sobre la catedral. Y la luz nunca es la misma dos veces.

La pintó al amanecer, cuando la piedra se vuelve rosa pálido.
La pintó al mediodía, cuando el sol cae vertical y las sombras desaparecen.
La pintó al atardecer, cuando todo se tiñe de dorado y ámbar.
La pintó en días grises, cuando la piedra parece fundirse con el cielo.
La pintó en invierno, primavera, con niebla, con sol…

Trabajaba en hasta catorce lienzos simultáneamente, cambiando de uno a otro según avanzaba el día y la luz se transformaba. Pintaba como un loco, obsesivamente, escribiendo a su esposa: «Trabajo como un demente, no puedo dejar de pensar en la catedral».

Qué ver en Rouen (Normandía), la ciudad de los cien campanarios donde Monet pintó la luz y Juana ardió en la hoguera

Terminó los cuadros en su estudio de Giverny y los expuso en 1895. Fueron un escándalo. Una revelación. Degas, Cézanne, Pissarro, Renoir… todos acudieron a verlos y quedaron asombrados.

Hoy, esos treinta cuadros están dispersos por el mundo: siete en Francia (uno en el Musée des Beaux-Arts de Rouen), el resto en Washington, Los Ángeles, París, Belgrado, Colonia, Japón…

Y yo estaba aquí, sentada en la misma plaza donde Monet instaló su caballete, mirando la misma fachada que él pintó obsesivamente.

Cromancia pura.

La piedra caliza cambiaba de color según las nubes cubrían y descubrían el sol. Gris plomizo. Ocre cálido. Rosa pálido. Dorado viejo. Todo en cuestión de minutos. La catedral no era un objeto estático. Era un lienzo vivo donde la luz pintaba sin cesar.

Monet no intentaba copiar la realidad. Intentaba capturar el instante. Ese segundo irrepetible en que la luz toca la piedra de una manera única que nunca volverá a repetirse.

Y fracasó treinta veces. Y en cada fracaso creó una obra maestra.

Explora y descubre

Entrar en la catedral: Cuando el gótico te envuelve

El interior es menos suntuoso que otras grandes catedrales francesas -fue bombardeado duramente en 1944 y restaurado con sobriedad- pero la escala te abraza como una ola de piedra.

La nave central se eleva 28 metros. Las bóvedas de la torre linterna (la que sostiene la aguja) alcanzan los 51 metros. Es como estar dentro de un bosque de columnas que crecen hacia el cielo.

La luz entra por vidrieras del siglo XIII que sobrevivieron milagrosamente a la guerra (fueron desmontadas y guardadas antes de los bombardeos). Azules profundos, rojos sangre, amarillos dorados… creando charcos de color en el suelo de piedra.

Aquí están enterrados algunos de los personajes más importantes de la historia normanda:

Rollo, el primer duque de Normandía (siglo X), fundador de la dinastía normanda.

Ricardo Corazón de León (bueno, su corazón; el resto está enterrado en otros lugares de Francia e Inglaterra). Su tumba está en la Chapelle de la Vierge, una capilla gótica del siglo XIV dedicada a la Virgen María.

Silentitud.

Ese silencio lleno donde el tiempo se suspende. Donde el ruido de la ciudad desaparece y solo queda el espacio, la piedra, la luz filtrada, el eco lejano de pasos sobre adoquines.

Pensé en Monet pintando afuera, obsesionado con capturar la superficie. Y pensé en los monjes que durante siglos habitaron este interior, rezando horas canónicas, cantando salmos, buscando lo divino no en la luz cambiante sino en la permanencia de la piedra.

Dos formas de ver el mismo lugar. Ambas válidas. Ambas hermosas.


| El Gros Horloge: Cuando el tiempo se vuelve arte

Seiscientos años marcando las horas

Salí de la catedral y volví a la Rue du Gros-Horloge.

Justo en el centro de la calle, suspendido sobre un arco renacentista que atraviesa la vía de lado a lado, cuelga el Gros Horloge -el Gran Reloj- símbolo de Rouen y uno de los relojes astronómicos más antiguos de Europa que aún funciona.

Cuando lo ves por primera vez, te detienes.

Qué ver en Rouen (Normandía), la ciudad de los cien campanarios donde Monet pintó la luz y Juana ardió en la hoguera

No es un reloj normal. Es una obra de arte mecánica, astronómica, arquitectónica… todo junto en un objeto que lleva seiscientos años marcando el tiempo para esta ciudad.

El mecanismo data de 1389. Fue construido por Jourdain Delestre y Jean de Felains, maestros relojeros medievales que crearon una máquina tan precisa que sigue funcionando seis siglos después.

Originalmente, el reloj estaba en una torre cívica. Pero en 1529 lo trasladaron aquí, instalándolo sobre un arco renacentista recién construido para que todos los ciudadanos pudieran verlo al pasar.

La esfera mide 2,5 metros de diámetro. Dorada, elaboradamente decorada, con un sol de 24 rayos en el centro sobre fondo de estrellas. Las horas se marcan con una sola aguja (los relojes de dos agujas aún no existían en el siglo XIV).

Pero lo fascinante son los detalles adicionales:

El óculo superior muestra las fases de la luna: una esfera de 30 cm que completa una rotación en 29 días, marcando luna llena, luna nueva, cuartos crecientes y menguantes.

La abertura inferior muestra el día de la semana con figuras alegóricas:

  • Lunes: Diana cazadora
  • Martes: Marte guerrero
  • Miércoles: Mercurio mensajero
  • Jueves: Júpiter
  • Viernes: Venus
  • Sábado: Saturno
  • Domingo: Apolo con su carro solar

Cada detalle está pensado, diseñado, cargado de simbolismo medieval. Este reloj no solo marcaba las horas. Marcaba el cosmos entero: el sol, la luna, los planetas, los días, las estaciones.

Subir a la torre: Las campanas y las vistas

Pagué entrada para subir a la torre del campanario (5€). Una escalera de caracol muy estrecha -de esas donde te cruzas con la gente bajando apretándote contra la pared- trepa en espiral hasta lo alto.

Primero pasas por el museo del mecanismo, donde se explica cómo funciona el reloj con maquetas, engranajes originales, documentos medievales. Fascinante si te gustan los mecanismos antiguos (a mí me encantan).

Luego llegas a la sala de las campanas. Hay varias, de diferentes tamaños y épocas. La más grande pesa más de una tonelada. Servían para dar la alarma cuando se cerraban las puertas de la ciudad, anunciar revueltas, llamar a misa, marcar el toque de queda…

Y finalmente, lo mejor: la terraza superior.

Desde ahí, Rouen se despliega completo. Los tejados de pizarra del casco antiguo. Las agujas góticas perforando el cielo. La catedral dominándolo todo con su aguja de hierro de 151 metros. El Sena plateado serpenteando entre las colinas. Los puentes conectando las dos orillas.

Y abajo, muy abajo, la Rue du Gros-Horloge llena de gente caminando, ajenos a que desde aquí arriba son apenas puntos móviles en un tablero medieval.

Me quedé ahí más tiempo del que planeaba. El viento soplaba con fuerza, trayendo olor a río y a lluvia futura. Las gaviotas planeaban entre los campanarios. Las campanas repicaban las horas con un sonido grave que resonaba en el pecho.

Suspendia.

Ese momento donde el tiempo se detiene aunque el reloj siga marcándolo. Donde entiendes que esta ciudad lleva casi mil años aquí, que este reloj lleva seiscientos años marcando horas para generaciones de normandos que nacieron, vivieron y murieron bajo su sombra.

Explora y descubre


| Place du Vieux-Marché: Donde Juana ardió

La cruz que recuerda la hoguera

Bajé de la torre y caminé hacia la Place du Vieux-Marché -la Plaza del Viejo Mercado- siguiendo la Rue du Gros-Horloge en dirección opuesta a la catedral.

Esta plaza es el corazón emocional de Rouen.

Hoy es una plaza animada llena de terrazas, restaurantes, un mercado cubierto donde venden flores, quesos normandos, sidra artesanal, productos locales. Hay vida, comercio, turistas tomando fotos, parejas comiendo en las terrazas…

Qué ver en Rouen (Normandía), la ciudad de los cien campanarios donde Monet pintó la luz y Juana ardió en la hoguera

Pero en el centro de la plaza, casi escondida entre el bullicio, hay una cruz alta de metal.

Simple. Sobria. Sin adornos.

Marca el lugar exacto donde el 30 de mayo de 1431, Juana de Arco fue quemada viva.

Me acerqué. Leí la placa.

«Aquí, el 30 de mayo de 1431, Juana de Arco, la Doncella de Orleans, fue ejecutada en la hoguera acusada de herejía y brujería. Tenía 19 años.»

Qué ver en Rouen (Normandía), la ciudad de los cien campanarios donde Monet pintó la luz y Juana ardió en la hoguera

La historia de Juana es una de esas tragedias que define una nación.

Una campesina analfabeta de 17 años que decía escuchar voces divinas ordenándole liberar Francia de la ocupación inglesa durante la Guerra de los Cien Años. Convenció al delfín Carlos VII para que le diera un ejército. Lideró tropas en batalla. Liberó Orleans. Hizo coronar al rey en Reims.

Y luego fue capturada por los borgoñones (aliados de Inglaterra), vendida a los ingleses, juzgada por herejía en Rouen durante cuatro meses, condenada y quemada viva en esta plaza.

El juicio fue una farsa. Los cargos: herejía (por decir que Dios le hablaba directamente), brujería (por usar ropa de hombre), apostasía. El veredicto estaba decidido desde el principio.

La quemaron en una hoguera alta para que todos pudieran verla. Le pusieron una túnica blanca y un cartel que decía «hereje, reincidente, apóstata, idólatra». Pidió que le pusieran una cruz ante los ojos mientras moría.

Cuentan que cuando las llamas la envolvieron, gritó el nombre de Jesús seis veces antes de que el humo la asfixiara.

Tenía 19 años.

Me senté en un banco junto a la cruz.

Había turistas tomando fotos. Niños corriendo. Gente comiendo helados. La vida seguía, ajena, indiferente, como debe ser.

Pero yo me quedé ahí un rato, en silencio, pensando en esa joven que murió convencida de que hacía lo correcto. Que creyó hasta el final que Dios le había dado una misión. Que enfrentó la hoguera con una fe inquebrantable.

¿Estaba loca? ¿Escuchaba realmente voces divinas? ¿O era una joven extraordinariamente valiente que encontró en la religión el lenguaje para expresar su convicción política?

No lo sé. Nadie lo sabe.

Lo que sí sé es que 25 años después de quemarla, la Iglesia revisó el juicio y la declaró inocente. Que en 1920 fue canonizada como santa. Que hoy es la patrona de Francia. Que su imagen está en cada rincón de Rouen: estatuas, museos, iglesias, calles, plazas…

La ciudad que la quemó ahora la venera. La historia es cruel y circular.

Explora y descubre

La Iglesia de Santa Juana de Arco: Arquitectura de llamas

Junto a la cruz se alza la Église Sainte-Jeanne-d’Arc, una iglesia moderna inaugurada en 1979 en el lugar exacto donde estuvo la hoguera.

Su arquitectura es… polémica. Parece un barco volcado. O un conjunto de tiendas de campaña gigantes de hormigón. O llamas congeladas en piedra (que es probablemente lo que el arquitecto pretendía).

Es fea y hermosa al mismo tiempo. Brutalmente moderna en medio de un casco antiguo medieval. Algunos la odian. Otros la consideran genial.

Qué ver en Rouen (Normandía), la ciudad de los cien campanarios donde Monet pintó la luz y Juana ardió en la hoguera

El interior es sorprendente: un espacio diáfano, luminoso, con el techo inclinándose en ángulos extraños que crean sensación de movimiento. Y lo mejor: las vidrieras.

Son vidrieras del siglo XVI que originalmente estaban en la antigua Iglesia de Saint-Vincent, destruida en los bombardeos de 1944. Las rescataron, las guardaron durante décadas, y cuando construyeron esta iglesia nueva, las instalaron aquí.

Azules profundos, rojos intensos, verdes esmeralda… la luz atraviesa el vidrio medieval creando charcos de color sobre el suelo de hormigón moderno. El contraste es brutal y perfecto.

Me senté en un banco lateral. Y pensé en Juana ardiendo aquí mismo, casi seiscientos años atrás. En cómo la historia transforma a las víctimas en santos. En cómo una plaza de mercado se convierte en lugar de peregrinación. En cómo la memoria persiste aunque la piedra cambie.


| Callejear por Rouen: Cuando la historia vive en cada esquina

El casco antiguo más bello de Normandía

Salí de la iglesia y me dediqué a callejear sin rumbo.

Esa es la mejor forma de conocer Rouen. Sin mapa, sin plan, dejándote llevar por la curiosidad y las calles que tiran de ti.

Rue Saint-Romain: Estrecha, empedrada, flanqueada por casas con entramados de madera de los siglos XIV y XV. Algunas se inclinan tanto que los pisos superiores casi se tocan entre edificios opuestos.

Aître Saint-Maclou: Un antiguo cementerio medieval convertido en patio interior. Durante la Peste Negra (1348) sirvió como fosa común. Hoy es escuela de Bellas Artes. Las galerías de madera que rodean el patio tienen grabadas calaveras y tibias cruzadas. Macabro y hermoso.

Église Saint-Maclou: Iglesia gótica flamígera del siglo XV. Su fachada es encaje de piedra tallada con una delicadeza obsesiva. Entré. El interior es pequeño, íntimo, con vidrieras que crean luz azul y dorada.

Abbaye Saint-Ouen: Abadía benedictina convertida en ayuntamiento tras la Revolución Francesa. Su interior es espectacular: 80 vidrieras que inundan el espacio de luz cromática. El efecto es casi psicodélico: charcos de color moviéndose por el suelo según cambia el sol.

Me encontré con un café en la Rue du Gros-Horloge: Café du Palais. Me senté en la terraza. Pedí un café crème y un croissant aux amandes.

Mientras comía, observé las fachadas. Muchas aún tienen marcas de impactos de bala de la Segunda Guerra Mundial. Rouen fue bombardeada brutalmente en 1944 por los Aliados (intentando cortar las rutas de suministro alemanas). Más de 2000 edificios destruidos. La catedral casi se derrumba.

Pero reconstruyeron. Piedra a piedra. Viga a viga. Conservando lo que pudieron, replicando lo que se perdió. Y hoy Rouen tiene 227 monumentos históricos registrados, la sexta ciudad de Francia con más patrimonio protegido.

Es una ciudad que se niega a olvidar. Que lleva su historia como cicatrices hermosas.


| El Musée des Beaux-Arts: Monet y los impresionistas

Once cuadros del maestro

Antes de irme, visité el Musée des Beaux-Arts de Rouen, en la Place Verdrel, a diez minutos caminando desde la catedral.

Es uno de los mejores museos de Normandía. Sesenta salas con obras desde el siglo XV hasta el XX. Velázquez, Caravaggio, Delacroix, Modigliani…

Pero yo venía por los impresionistas.

La sala dedicada a ellos es pequeña pero impresionante. Degas, Renoir, Pissarro, Sisley… todos representados. Pero sobre todo, once cuadros de Claude Monet.

Uno de ellos es de la serie de la Catedral de Rouen: Portail de la Cathédrale de Rouen, Temps Gris (Portal de la Catedral de Rouen, Tiempo Gris), pintado en 1894.

Lo vi desde lejos. Me acerqué despacio. Me planté delante.

Es diferente verlo en persona que en reproducciones.

La textura. Monet no pintaba con pinceladas suaves. Aplicaba la pintura en capas gruesas, empastadas, como si estuviera construyendo la fachada con óleo en lugar de piedra. La superficie del cuadro es táctil, rugosa, llena de materia.

Y los colores. En las fotos parecen grises. Pero de cerca son cientos de tonos diferentes: malvas, azules, verdes, rosas, naranjas… todos mezclándose, vibrando, creando esa sensación de piedra que respira, que cambia, que vive.

Me quedé delante del cuadro quince minutos. Había otras personas en la sala, pero los ignoré. Solo estábamos Monet, la catedral y yo.

Y agradecí haber venido a Rouen. Porque ahora, después de haber visto la catedral real, de haberme sentado en la misma plaza donde Monet pintó, de haber observado cómo la luz cambia sobre la piedra… ahora entendía el cuadro de verdad.

No era una representación de un edificio. Era la captura de un instante efímero. Un momento de luz que existió una vez, hace más de cien años, y que Monet logró congelar en óleo antes de que desapareciera para siempre.



| Información práctica para visitar Rouen

Cómo llegar, moverse y planificar tu visita

Cómo llegar a Rouen:

En moto/coche:

Desde Giverny: 60 km (1 hora)

  • D6015 dirección noreste

Desde París: 135 km (1h 30min)

  • A13 dirección Rouen

Desde Étretat: 87 km (1h 15min)

  • D940 / D6015

En tren:

  • Desde París Gare Saint-Lazare: 1h 15min (trenes frecuentes)
  • Precio: 15-30€ ida y vuelta
  • La estación está a 15 min caminando del centro histórico

Parking en Rouen:

Parkings recomendados:

  • Parking de la Cathédrale (subterráneo, justo frente a la catedral): 2€/hora, 16€/día. Hay también algunas plazas en superficie en la Place de la Cathédrale (zona azul, limitadas, pero posible aparcar en moto si hay suerte).
  • Parking Vieux-Marché (junto a la plaza de Juana de Arco): 2€/hora
  • Parking Palais de Justice (también céntrico): similar precio

Consejo motera: Si llegas temprano (antes de 10:00) o tarde (después de 18:00), es posible encontrar sitio en la propia Place de la Cathédrale o calles adyacentes. El casco antiguo es peatonal en su mayoría, pero puedes circular hasta aparcar. Los parkings subterráneos son seguros para motos.



| Dónde comer en Rouen

Café du Palais En Rue du Gros-Horloge. Histórico (con impactos de bala de la guerra). Café, croissants, comida ligera. 8-15€.

La Couronne El restaurante más antiguo de Francia (fundado 1345). Cocina normanda tradicional. Caro pero histórico: 35-50€.

Dame Cakes Pastelería famosa por sus macarons y tartas. Perfecto para merienda. 5-10€.

Le P’tit Bec Bistró normando auténtico. Cocina casera, menú del día. 15-25€.

Consejo: Prueba las lágrimas de Juana (Larmes de Jeanne): almendras caramelizadas bañadas en chocolate negro. El dulce típico de Rouen. Se venden en pastelerías del centro.


| Dónde dormir

Hôtel de Bourgtheroulde (Lujo) Palacio renacentista del siglo XV. Céntrico. Desde 150€/noche.

Mercure Rouen Centre Cathédrale (Medio-alto) Moderno, frente a la catedral. Desde 100€/noche.

Hôtel des Carmes (Económico) Pequeño, familiar, en casco antiguo. Desde 70€/noche.


| Qué ver cerca de Rouen

Honfleur (75 km) — Puerto medieval pintoresco

Jumièges (25 km) — Ruinas de abadía románica espectacular

Le Havre (85 km) — Ciudad reconstruida por Auguste Perret (Patrimonio UNESCO)

Explora y descubre


| Ruta recomendada: Normandía desde París

Día 1: París → Giverny (mañana) → Rouen (tarde-noche)

Día 2: Rouen (mañana) → Jumièges → Honfleur (tarde) → Étretat (noche)

Día 3: Étretat (mañana) → Costa de Alabastro → Mont Saint-Michel

Distancias desde Rouen:

  • Giverny: 60 km
  • Étretat: 87 km
  • Honfleur: 75 km
  • Mont Saint-Michel: 200 km

Explora y descubre


Preguntas frecuentes sobre Rouen

¿Cuánto tiempo necesito para visitar Rouen?

Medio día mínimo (4-5 horas) para ver lo esencial: catedral, Gros Horloge, Place du Vieux-Marché. Día completo si quieres museos y callejear con calma.

¿Merece la pena subir a la torre del Gros Horloge?

Sí. Las vistas desde arriba son espectaculares. Además, el museo del mecanismo es interesante si te gustan los relojes antiguos.

¿Se pueden ver cuadros de Monet en Rouen?

Sí, 11 cuadros en el Musée des Beaux-Arts (entrada gratuita). Uno de ellos es de la serie de la Catedral.

¿Dónde está la oficina de turismo?

En el antiguo Bureau des Finances (donde Monet pintó), frente a la catedral. Dirección: 25 Place de la Cathédrale.

¿Es Rouen muy turístico?

Menos que París o Mont Saint-Michel. Tiene turismo pero manejable. Entre semana en primavera u otoño es muy tranquilo.

¿Hay espectáculo de luz en la catedral?

Sí, cada verano (julio-agosto) hay proyecciones nocturnas sobre la fachada: temas sobre Monet, Juana de Arco, vikingos… Espectacular. Consulta fechas en web oficial de turismo.

Descubre el mundo a tu propio ritmo, guíate conmigo!


Si ya visitaste alguno de estos lugares, cuéntanos tu experiencia en la sección de comentarios. Puedes puntuar y compartir tus propios consejos para otros viajeros. ¿Qué te gustó más? ¿Alguna recomendación adicional? Deja tu comentario y puntúa la experiencia.

¡Tu opinión ayudará a otros viajeros a disfrutar al máximo!

Cuéntanos!

Reseñas- Local Guide SUKI ON THE ROAD.Si te gusta viajar, descubrir lugares nuevos y recibir recomendaciones de primera mano, has llegado al sitio indicado. En este blog comparto mis experiencias personales, desde rincones ocultos hasta los destinos más populares. Mi objetivo es ayudarte a planificar tu próxima aventura con reseñas honestas y detalladas.