Juana de Arco: historia de la doncella que fue quemada en Rouen y se convirtió en santa

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Descubre la historia real de Juana de Arco, las voces que la guiaron, el juicio en Rouen, su ejecución en la hoguera y cómo pasó de hereje a santa de Francia.

| Historia, leyenda y tragedia de la santa que Francia quemó antes de venerarla

Hay historias que la historia intenta explicar. Y hay historias que desafían toda explicación.

La de Juana de Arco es de estas últimas.

Una campesina analfabeta de 17 años que decía escuchar voces divinas. Que convenció a un rey desesperado para que le diera un ejército. Que liberó una ciudad sitiada cuando nadie creía posible. Que coronó a ese rey en la catedral de Reims. Y que dos años después fue capturada, vendida, juzgada en un tribunal farsa, condenada por herejía y quemada viva en la plaza de Rouen con apenas 19 años.

¿Fue santa? ¿Fue loca? ¿Fue víctima de su época? ¿O fue simplemente una joven extraordinaria que encontró en la religión el lenguaje para expresar su convicción inquebrantable?

No lo sabemos. Nadie lo sabe.

Lo que sí sabemos es que su vida fue tan breve e intensa que parece ficción. Y que su muerte fue tan injusta y terrible que Francia tardó casi cinco siglos en atreverse a canonizarla.

Esta es su historia. La historia de cómo una campesina se convirtió en guerrera, de cómo una guerrera se convirtió en hereje, y de cómo una hereje se convirtió en santa.

Descubre la historia real de Juana de Arco, las voces que la guiaron, el juicio en Rouen, su ejecución en la hoguera y cómo pasó de hereje a santa de Francia.

| Las voces: Cuando Dios habla a una niña de 13 años

Domrémy, 1425

Juana nació alrededor de 1412 en Domrémy, un pueblo minúsculo en la región de Lorena, noreste de Francia. Hija de Jacques d’Arc y Isabelle Romée, campesinos modestos. Analfabeta. Piadosa. Trabajadora. Una joven como cualquier otra en un pueblo donde todos se conocían.

Pero a los 13 años, algo cambió.

Juana contaría después -durante su juicio, bajo interrogatorio- que escuchó voces por primera vez en el jardín de su casa, al mediodía, en verano.

Primera voz: San Miguel Arcángel.

Venía acompañado de luz brillante. Le habló con dulzura. Le dijo que fuera buena, que asistiera a misa, que se confesara. Le dijo que Dios tenía una misión para ella.

Después vinieron otras voces:

Santa Catalina de Alejandría (mártir del siglo IV, decapitada por no renunciar a su fe).

Santa Margarita de Antioquía (otra mártir, devorada por un dragón según la leyenda).

Las voces le hablaban en francés. Le daban órdenes claras. Le decían que Francia estaba en peligro. Que ella, Juana, debía salvar el reino.

«Debes ir a Francia. Debes levantar el sitio de Orleans. Debes coronar al Delfín en Reims.»

¿Cómo reaccionaría una niña de 13 años al escuchar eso?

Juana dijo que al principio tuvo miedo. Que lloró. Que no entendía por qué Dios la había elegido a ella, una campesina sin educación, sin poder, sin nombre.

Pero las voces insistieron. Durante cuatro años, las voces no la dejaron en paz.

Y finalmente, en 1429, con 17 años, Juana decidió obedecer.


| La misión imposible: Convencer a un rey desesperado

Francia al borde del colapso

Para entender la magnitud de lo que Juana intentó, hay que entender el contexto.

La Guerra de los Cien Años -que en realidad duró 116 años, de 1337 a 1453- estaba destrozando Francia.

Inglaterra había invadido el norte. Los ingleses controlaban París. El rey inglés Enrique VI reclamaba el trono francés. El legítimo heredero francés, el Delfín Carlos (futuro Carlos VII), estaba refugiado en Chinon, en el valle del Loira, sin ejército fuerte, sin aliados poderosos, sin esperanza real de victoria.

Y para empeorar las cosas, los Borgoñones -nobles franceses del ducado de Borgoña- se habían aliado con Inglaterra contra su propio rey.

Francia estaba rota. Empobrecida. Desmoralizada. Al borde de desaparecer como reino independiente.

Y en medio de ese caos, una campesina de 17 años llegó a Chinon diciendo que Dios le había ordenado salvar Francia.

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| El encuentro con el Delfín

Juana llegó a la corte de Chinon en marzo de 1429.

Carlos la recibió, probablemente más por curiosidad que por esperanza. La puso a prueba: se disfrazó entre la corte para ver si Juana lo reconocía. Según la leyenda, Juana caminó directo hacia él sin dudarlo un segundo, se arrodilló y le dijo:

«Dios me ha enviado para ayudarte. Dame un ejército y liberaré Orleans.»

Carlos dudó. La sometió a exámenes teológicos en Poitiers. Tres semanas de interrogatorios por doctores de la Iglesia para determinar si era enviada de Dios o del Diablo.

También la examinaron mujeres -incluida la suegra del rey- para verificar que era virgen. (En la Edad Media, la virginidad se consideraba señal de pureza divina).

Los teólogos concluyeron: «No encontramos nada malo en ella, solo bondad, humildad, virginidad, devoción, honestidad y simplicidad.»

Carlos, que no tenía nada que perder, decidió arriesgarse.

Le dio una armadura. Un caballo. Un estandarte blanco con flores de lis y las palabras «Jhesus Maria». Y un ejército de 4,000 hombres.

En abril de 1429, Juana de Arco cabalgó hacia Orleans.

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| El milagro de Orleans: Cuando la campesina se convierte en guerrera

8 de mayo de 1429

Orleans estaba sitiada por los ingleses desde octubre de 1428. Seis meses de asedio. La ciudad al borde de la rendición. Si Orleans caía, Francia caía.

Juana llegó el 29 de abril con su ejército.

Y en nueve días ´del 30 de abril al 8 de mayo- realizó lo imposible.

Dirigió asaltos contra las fortificaciones inglesas. No luchaba directamente (su papel era inspirar, no matar), pero estaba en primera línea, visible, gritando órdenes, ondeando su estandarte, infundiendo valor a soldados que llevaban meses derrotados.

El 7 de mayo, Juana fue herida por una flecha que le atravesó el hombro. Se la arrancó ella misma, lloró de dolor, pero volvió al campo de batalla el mismo día.

El 8 de mayo de 1429, los ingleses levantaron el sitio y huyeron.

Orleans estaba liberada.

Fue llamado «el milagro de Orleans». Porque no había explicación racional. Un ejército francés que llevaba meses perdiendo, liderado por una campesina de 17 años, había derrotado a los ingleses en nueve días.

La moral francesa se disparó. Juana no solo había salvado Orleans. Había salvado la esperanza.

La coronación en Reims

Después de Orleans, las victorias se sucedieron. Juana liberó otras ciudades del valle del Loira. Despejó el camino hacia Reims.

Y el 17 de julio de 1429, Carlos fue coronado Carlos VII en la catedral de Reims, la ciudad tradicional para las coronaciones francesas.

Juana estaba ahí, junto al altar, con su estandarte blanco, llorando de alegría.

Su misión estaba cumplida. Las voces le habían dicho: «Levanta el sitio de Orleans. Corona al Delfín.»

Y lo había hecho. En cuatro meses.

Una campesina analfabeta había cambiado el curso de la guerra. Había devuelto el trono a Carlos VII. Había salvado Francia.

Debería haber sido el final feliz de una historia imposible.

Pero la historia apenas estaba comenzando.

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| La captura: Cuando la heroína se convierte en prisionera

23 de mayo de 1430

Después de la coronación, todo empezó a torcerse.

Carlos VII, ya coronado, empezó a perder interés en Juana. Prefería la negociación diplomática a la guerra. La victoria total sobre los ingleses no le urgía tanto como antes.

Pero Juana no se detenía. Seguía liderando ejércitos. Seguía atacando posiciones inglesas y borgoñonas. Las voces le decían que continuara.

En mayo de 1430, Juana intentó liberar Compiègne, ciudad sitiada por los borgoñones.

Durante una escaramuza el 23 de mayo, Juana quedó separada de sus tropas. Los borgoñones la rodearon. La derribaron del caballo.

Y la capturaron.

Jean de Luxembourg, noble borgoñón, la hizo prisionera. Y casi inmediatamente, comenzaron las negociaciones para venderla.

Los ingleses la querían. Desesperadamente. No solo era una amenaza militar. Era un símbolo. Mientras Juana viviera y estuviera libre, la moral francesa estaría alta.

Había que destruirla. No solo matarla. Desacreditarla.

Y la forma de hacerlo era demostrar que no era enviada de Dios, sino del Diablo.

Los borgoñones la vendieron a los ingleses por 10,000 libras tornesas.

Una fortuna. El precio de una princesa.

Y los ingleses la llevaron a Rouen.

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| El juicio: Cuando la justicia se convierte en venganza

9 de enero de 1431 – 30 de mayo de 1431

El juicio de Juana de Arco fue, desde el principio, una farsa.

No era un juicio real. Era un teatro político. Una maquinaria diseñada para destruir a la Doncella y, con ella, la legitimidad de Carlos VII.

Si demostraban que Juana era hereje, bruja, enviada del Diablo… entonces Carlos VII había sido coronado con ayuda satánica. Su reinado sería ilegítimo. Inglaterra recuperaría su pretensión al trono francés.

Los jueces:

Pierre Cauchon, obispo de Beauvais, abiertamente pro-inglés, partidario del duque de Borgoña. Técnicamente no tenía jurisdicción para juzgar a Juana (estaban en Rouen, no en su diócesis de Beauvais), pero los ingleses le dieron permiso especial.

Jean Le Maistre, inquisidor dominico, designado a regañadientes. Participó a desgana, presionado por Cauchon.

Más de 130 asesores: teólogos de la Universidad de París (pro-ingleses), prelados normandos (pro-ingleses), canónigos de Rouen (pro-ingleses).

No había un solo defensor de Juana. Ni un solo abogado que la representara. Ni un solo testigo a su favor.

Las acusaciones

Juana fue acusada de 70 cargos inicialmente:

  • Herejía (decir que Dios le hablaba directamente, saltándose a la Iglesia)
  • Brujería (las voces venían del Diablo, no de Dios)
  • Vestir como hombre (usar pantalones y armadura violaba la ley divina que separaba los sexos)
  • Idolatría (venerar su estandarte)
  • Blasfemia
  • Apostasía

Tres meses de interrogatorios. Preguntas trampa diseñadas por teólogos brillantes para confundir a una campesina analfabeta.

Pero Juana los sorprendió a todos.

Sus respuestas fueron tan inteligentes, tan directas, tan honestas, que muchos de los presentes quedaron asombrados.

Cuando le preguntaron: «¿Estás en estado de gracia?» (pregunta trampa: si decía sí, era blasfemia; si decía no, admitía ser pecadora), Juana contestó:

«Si no lo estoy, que Dios me ponga en él. Si lo estoy, que Dios me mantenga en él.»

Respuesta perfecta. Teológicamente impecable.

Cuando le preguntaron por qué vestía como hombre, respondió:

«Es más apropiado y seguro cuando estoy rodeada de soldados. Y Dios me lo ordenó.»

Cuando le preguntaron si odiaba a los ingleses, dijo:

«Amo a los ingleses cuando están en Inglaterra. No cuando invaden Francia.»

Los 70 cargos se redujeron a 12. Luego a 6.

Pero no importaba. El veredicto estaba decidido desde el principio.

La abjuración y la recaída

El 24 de mayo de 1431, llevaron a Juana al cementerio de Saint-Ouen. La hoguera estaba preparada. Humeaba, lista para arder.

Le dijeron: «Firma esta abjuración. Reconoce tus pecados. Acepta cadena perpetua. O arde ahora.»

Juana, aterrorizada por las llamas, firmó. (Algunos testigos dirían después que no sabía lo que firmaba, que era analfabeta).

Le cambiaron la sentencia: en lugar de hoguera, prisión perpetua. Le exigieron vestir como mujer.

La devolvieron a su celda. Sola. Encadenada. Vigilada por soldados ingleses que la insultaban, la amenazaban.

Y cuatro días después, el 28 de mayo, los guardias la encontraron vestida con ropa de hombre otra vez.

¿Por qué? Hay varias teorías:

  • Teoría 1: Los guardias le quitaron su ropa de mujer mientras dormía, dejándole solo la ropa de hombre. Una trampa para acusarla de reincidencia.
  • Teoría 2: Juana decidió volver a vestir de hombre por seguridad (la ropa masculina era más difícil de quitar, protegiéndola de abusos).
  • Teoría 3: Las voces volvieron y le reprocharon su debilidad. Juana eligió la hoguera antes que renunciar a su misión.

Cuando le preguntaron por qué había vuelto a vestir de hombre, Juana, llorando, respondió:

«Las voces me reprocharon que me retractara. Si a Dios no le complace que me retracte, entonces no lo haré.»

Cauchon la declaró hereje reincidente.

La pena para reincidencia era una sola: muerte en la hoguera.

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| La hoguera: 30 de mayo de 1431

Cuando la tragedia alcanza su punto más oscuro

A las seis de la mañana del miércoles 30 de mayo de 1431, los carceleros despertaron a Juana en su celda del castillo de Bouvreuil.

Tenía 19 años. Había pasado un año prisionera. Encadenada. Sola. En una celda oscura con tres guardias que la vigilaban día y noche.

Le pusieron un vestido blanco. Una túnica de penitente. Un gorro de papel con las palabras escritas: «Hereje, reincidente, apóstata, idólatra».

La llevaron a la Place du Vieux-Marché -la Plaza del Viejo Mercado- en el centro de Rouen.

Allí habían construido una plataforma alta de madera, en el centro de la plaza, para que todos pudieran verla. Un poste de madera se alzaba vertical. Alrededor del poste, leña apilada cuidadosamente.

La hoguera estaba diseñada para ser alta y lenta. No una ejecución rápida. Una muerte visible. Un espectáculo de terror.

Había cientos de personas reunidas. Soldados ingleses. Clérigos. Curiosos. Algunos lloraban. Otros celebraban.

Juana subió a la plataforma. Pidió un crucifijo. No tenían uno. Un soldado inglés, conmovido, rompió su bastón e improvisó una cruz de madera. Se la dio.

Juana la besó. Pidió que la mantuvieran frente a sus ojos mientras moría.

La ataron al poste con sogas gruesas.

El fraile Martin Ladvenu la acompañó hasta el final, susurrándole palabras de consuelo.

Le leyeron la sentencia:

«Juana, llamada la Doncella, has sido hallada culpable de herejía, reincidencia, apostasía e idolatría. Eres entregada al brazo secular para que tu cuerpo sea consumido por el fuego y tu alma juzgada por Dios.»

Juana lloró. Rezó en voz alta. Repitió el nombre de Jesús seis veces.

Dieron la orden.

Encendieron la hoguera.

Las llamas subieron despacio. El humo la envolvió. El calor era insoportable.

Juana gritó. Gritó el nombre de Jesús. Gritó pidiendo agua. Gritó pidiendo que le subieran el crucifijo para poder verlo.

El fraile Ladvenu, arriesgando su vida, acercó el crucifijo entre las llamas para que Juana pudiera mirarlo mientras moría.

Testigos presenciales dijeron después que las llamas tardaron mucho en matarla. Que la agonía fue larga. Que gritó hasta que el humo la asfixió.

Y finalmente, después de minutos que parecieron horas, Juana dejó de gritar.

Su cuerpo colapsó contra el poste.

Pero no terminó ahí.

Los ingleses, paranoicos de que alguien rescatara algún resto para venerarlo como reliquia, ordenaron quemar su cuerpo dos veces más.

Redujeron sus huesos a cenizas. Trituraron todo. Y luego, el verdugo Geoffroy Thérage tomó los restos -cenizas, carbones, fragmentos de huesos calcinados- y los arrojó al río Sena.

Para que no quedara nada. Para que nadie pudiera venerar nada. Para que Juana de Arco desapareciera física y simbólicamente.

El verdugo Thérage dijo después, aterrorizado:

«Temo ser condenado. He quemado a una santa.»



| El misterio: ¿Loca, santa o genio político?

Las teorías que intentan explicar lo inexplicable

Durante casi 600 años, historiadores, médicos, teólogos y psicólogos han intentado explicar a Juana de Arco.

¿Cómo una campesina analfabeta pudo hacer lo que hizo?

¿De dónde venían las voces?

Las teorías son muchas:

Teoría religiosa: Era santa, las voces eran reales

Esta es la postura oficial de la Iglesia Católica desde 1920.

Juana escuchaba realmente a San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita. Dios la eligió para salvar Francia. Sus victorias fueron milagros divinos.

Evidencia: Su comportamiento virtuoso, su virginidad, sus respuestas teológicamente perfectas, los tres milagros atribuidos a su intercesión después de muerta (por los que fue canonizada).

Teoría médica: Esquizofrenia o epilepsia del lóbulo temporal

Algunos psiquiatras sugieren que Juana sufría esquizofrenia paranoide con alucinaciones auditivas.

Otros proponen epilepsia del lóbulo temporal, que puede causar «auras» con voces, visiones y sensaciones de presencia divina.

Evidencia: Las voces comenzaron en la pubertad (13 años), edad típica de inicio de esquizofrenia. Describió luces, olores, sensaciones táctiles junto con las voces.

Contra-evidencia: Juana funcionaba perfectamente en situaciones complejas (batallas, juicios, estrategia militar). La esquizofrenia severa impide ese nivel de funcionalidad.

Teoría política: Era una estratega que usó la religión como herramienta

Algunos historiadores sugieren que Juana entendía perfectamente la política de su época.

Sabía que ningún rey le daría un ejército a una campesina. Pero si esa campesina decía estar enviada por Dios… entonces era diferente.

Inventó las voces (o las exageró) para darle autoridad divina a su misión política: salvar Francia.

Evidencia: Sus respuestas en el juicio fueron demasiado inteligentes para ser accidentales. Evitó trampas teológicas que confundirían a doctores.

Contra-evidencia: Juana mantuvo su historia hasta la muerte. Bajo tortura psicológica, frente a la hoguera, nunca se retractó realmente. ¿Por qué morir por una mentira?

Teoría feminista: Era una mujer extraordinaria que desafió su época

Juana rompió todas las normas de género medievales.

Vestía como hombre. Lideraba ejércitos. Hablaba directamente con reyes. Desobedecía a la Iglesia. Rechazó el matrimonio (su única salida «respetable» como mujer).

Fue quemada no por herejía, sino por atreverse a ser libre en una sociedad que exigía sumisión femenina.

Evidencia: La obsesión del tribunal con su ropa masculina. Le ofrecieron vida a cambio de vestir como mujer. Eligió la muerte antes que la sumisión.

Descubre la historia real de Juana de Arco, las voces que la guiaron, el juicio en Rouen, su ejecución en la hoguera y cómo pasó de hereje a santa de Francia.

La verdad probablemente es una mezcla de todas.

Quizá Juana escuchaba voces (reales, alucinadas o inventadas). Quizá era profundamente religiosa y sincera. Quizá también entendía que las voces le daban poder en un mundo que negaba poder a las mujeres. Quizá era santa, loca, genio y víctima al mismo tiempo.

Lo que sí sabemos es esto:

Hiciera lo que hiciera, lo hizo con una convicción tan absoluta que cambió la historia.


| La rehabilitación: Cuando Francia reconoce su error

1456: El juicio que nunca debió ser necesario

Veinticinco años después de quemar a Juana, Francia ganó la Guerra de los Cien Años.

Los ingleses fueron expulsados. Carlos VII consolidó su reino.

Pero había un problema: el rey de Francia había sido coronado con ayuda de una hereje. Si Juana era del Diablo, Carlos no era rey legítimo.

Así que Carlos VII solicitó al Papa Calixto III que revisara el juicio de 1431.

Se creó una comisión papal. Se interrogó a 115 testigos: gente que había conocido a Juana en Domrémy, soldados que lucharon con ella, clérigos que participaron en el juicio, incluso algunos de los jueces originales.

El 7 de julio de 1456, el tribunal anuló el juicio de 1431.

Declararon que había sido:

  • Corrupto
  • Manipulado
  • Ilegal (Cauchon no tenía jurisdicción)
  • Injusto (sin defensa, sin testigos a favor)

Juana de Arco era inocente.

Sus «crímenes» fueron inventados. Fue víctima de un complot político.

Pero ya era tarde. Llevaba 25 años muerta. Quemada. Reducida a cenizas. Arrojada al Sena.

1909-1920: De hereje a santa

En 1803, Napoleón Bonaparte la declaró símbolo nacional de Francia.

En 1909, el Papa Pío X la beatificó.

Y el 16 de mayo de 1920, el Papa Benedicto XV la canonizó como santa en la Basílica de San Pedro.

Santa Juana de Arco. Patrona de Francia.

Casi 500 años después de quemarla por hereje, la Iglesia que la mató la declaraba santa.

La historia es cruel y circular.

Descubre la historia real de Juana de Arco, las voces que la guiaron, el juicio en Rouen, su ejecución en la hoguera y cómo pasó de hereje a santa de Francia.

| Lugares de Juana de Arco en Rouen

Un recorrido por la memoria de la Doncella

Si visitas Rouen, la presencia de Juana de Arco está en cada esquina. La ciudad que la quemó ahora la recuerda obsesivamente, como si el remordimiento histórico necesitara manifestarse en piedra y placa.

1. Place du Vieux-Marché (Plaza del Viejo Mercado)

El lugar donde ardió la hoguera.

Hoy es una plaza animada con terrazas, restaurantes, un mercado cubierto. Pero en el centro, discreta, está la cruz alta de metal que marca el lugar exacto donde Juana fue quemada el 30 de mayo de 1431.

Simple. Sobria. Sin ornamentos.

Una placa dice: «Aquí, el 30 de mayo de 1431, Juana de Arco fue quemada viva. Tenía 19 años.»

Tiempo de visita: 10 minutos. Gratuito.

Descubre la historia real de Juana de Arco, las voces que la guiaron, el juicio en Rouen, su ejecución en la hoguera y cómo pasó de hereje a santa de Francia.

2. Église Sainte-Jeanne-d’Arc

La iglesia moderna (1979) en el lugar de la hoguera.

Su arquitectura es polémica: parece un barco volcado, o tiendas de campaña de hormigón, o llamas congeladas (lo que el arquitecto pretendía).

El interior alberga vidrieras del siglo XVI rescatadas de la antigua iglesia de Saint-Vincent (destruida en 1944) con colores azules, rojos y verdes espectaculares.

Horario: 10:00-12:30 / 14:00-18:00 (todos los días)
Entrada: Gratuita
Tiempo: 20 minutos

3. Tour Jeanne d’Arc (Torre de Juana de Arco)

La única torre que queda del antiguo Château de Bouvreuil, donde Juana estuvo prisionera.

No es la torre exacta de su celda (esa fue destruida), pero es parte del mismo castillo. Hoy alberga una pequeña exposición sobre su cautiverio y juicio.

Ubicación: Rue du Donjon
Horario: 10:00-12:30 / 14:00-18:00 (cerrado lunes)
Entrada: 2€
Tiempo: 30 minutos

4. Historial Jeanne d’Arc

Museo multimedia inaugurado en 2015 en el Palacio Arzobispal (donde fue juzgada).

Recorrido inmersivo con proyecciones, testimonios, reconstrucciones del juicio. Muy bien hecho, aunque puede resultar «demasiado espectáculo» para algunos.

Ubicación: 7 Rue Saint-Romain
Horario: 10:00-19:00 (todos los días)
Entrada: 11€ (10€ online)
Tiempo: 1-1,5 horas
Recomendación: Solo si te interesa mucho el tema. Está bien, pero no es imprescindible.

5. Musée des Beaux-Arts de Rouen

Sala dedicada a Juana de Arco con cuadros del siglo XIX que la representan (mayormente romantizados, heroicos, poco históricos, pero interesantes).

Entrada al museo: Gratuita
Tiempo en sala Juana: 15 minutos

6. Cathédrale Notre-Dame de Rouen

Aunque no está directamente relacionada con Juana, aquí se celebraron misas durante su juicio. Y el obispo Pierre Cauchon, su juez principal, está enterrado en la catedral (aunque su tumba no está señalizada -probablemente para evitar vandalismos-).

7. Abbaye Saint-Ouen

En el cementerio de Saint-Ouen (hoy desaparecido, donde ahora está el Hôtel de Ville), Juana fue llevada el 24 de mayo de 1431 para leer su sentencia y obligarla a abjurar.

La abadía aún existe y es visitable (entrada gratuita). Hermosa, con 80 vidrieras espectaculares. Pero no hay ninguna señal que recuerde a Juana.

| Reflexión

La doncella que nadie puede explicar

Hay personajes históricos que entendemos. Cuyas acciones tienen lógica. Cuyas motivaciones son claras.

Juana de Arco no es uno de ellos.

Por eso, casi 600 años después, seguimos hablando de ella. Seguimos intentando explicarla. Seguimos preguntándonos qué escuchaba realmente, qué sentía, por qué eligió la hoguera antes que renunciar a sus voces.

Quizá la respuesta es simplemente esta:

Juana de Arco creyó. Con una intensidad absoluta. Con una convicción inquebrantable. Hasta el final.

Y esa fe -divina, delirante o política, no importa- fue lo suficientemente poderosa como para cambiar el curso de una guerra, coronar a un rey y crear una leyenda que sobrevive siglos después de que sus cenizas fueran arrojadas al Sena.

La quemaron. La borraron. Intentaron que desapareciera.

Pero su memoria persiste. En cada cruz de la Place du Vieux-Marché. En cada libro que cuenta su historia. En cada peregrino que visita Rouen y se detiene en silencio frente al lugar donde ardió.

No pudieron borrarla. Solo la convirtieron en inmortal.

Descubre el mundo a tu propio ritmo, guíate conmigo!


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