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Segovia es una ciudad que se contempla desde arriba.
Y si hay un rincón donde el alma de la ciudad se revela entera, ese es el Mirador del Alcázar y los Dos Valles.
Aquí el tiempo parece detenerse, y ante tus ojos se abre una de las vistas más hermosas de España: el Alcázar de Segovia emergiendo entre los valles del Eresma y el Clamores, como la proa dorada de un navío que surca siglos de historia.
La luz juega con la piedra. El amanecer tiñe las torres de oro viejo; el atardecer las convierte en un cuento medieval.
Es el instante perfecto para dejar que el silencio hable, para entender por qué este lugar ha inspirado a pintores, viajeros y poetas.

| El mejor mirador de Segovia
No hay duda, el Mirador del Alcázar y los Dos Valles es la vista más bonita del Alcázar.
Desde aquí se aprecia su silueta completa, dominando el paisaje sobre el acantilado.
La catedral se asoma al fondo, las murallas serpentean a lo lejos, y los árboles del valle enmarcan la escena como si la naturaleza misma se rindiera ante tanta belleza.
| Un mirador con historia
Desde este punto se vigilaban antiguamente los accesos al Alcázar y los dos valles que lo flanquean. Su posición estratégica servía tanto para proteger la fortaleza como para advertir la llegada de posibles enemigos.
Hoy, los únicos que llegan son viajeros con cámara en mano, en busca de la postal perfecta de Segovia, esa que no necesita filtros ni palabras.
| Cómo llegar al Mirador del Alcázar y los Dos Valles
Hay caminos que parecen pensados para quien busca comprender un lugar más allá de su apariencia.
Uno de ellos es el sendero que asciende hasta el Mirador del Alcázar y los Dos Valles, quizá el mejor balcón de Segovia, donde la ciudad se revela entera, suspendida entre el cielo y la historia.
Puedes aparcar gratuitamente en la Pradera de San Marcos, un rincón tranquilo junto al río, desde donde la vista del Alcázar de Segovia ya promete el asombro. Desde allí parte un atajo discreto, un pequeño camino que nace junto al puente y sube, serpenteando, hasta la parte alta del cerro.
El paseo no lleva más de diez minutos, pero es suficiente para sentir cómo el rumor del Eresma acompaña tus pasos y cómo la piedra dorada del Alcázar va cambiando de tono a medida que te acercas al mirador.



Llegar hasta él es sencillo: basta con descender por el valle del Eresma, entre el Monasterio de El Parral y el Santuario de la Virgen de la Fuencisla, hasta encontrar la senda que se abre hacia el punto más alto.
El último tramo es breve, pero guarda su recompensa.
Cuando llegas, el aire se vuelve silencio, y frente a ti se alza la imagen que ha enamorado a viajeros y pintores: el Alcázar elevándose sobre los dos valles, como si fuera la proa de un barco que navega en el tiempo.
El esfuerzo se olvida enseguida.
Porque aquí, el viajero no solo observa —aquí comprende Segovia.
| Cuándo visitar el Mirador del Alcázar
Aunque cualquier momento del día es bueno, hay dos instantes mágicos:
- El amanecer, cuando las primeras luces bañan el Alcázar con un brillo dorado.
- El atardecer, cuando las sombras se alargan sobre los valles y el cielo se incendia en tonos naranjas y violetas.
Ambos momentos hacen que Segovia parezca un cuadro viviente.
Si puedes, quédate unos minutos más…
El viento del valle, el rumor de las hojas y la silueta del Alcázar te regalarán una de las imágenes más inolvidables de tu viaje.
Dicen que hay castillos que parecen salidos de un cuento… pero este, el de Segovia, fue quien inspiró los cuentos.
SUKI
| Consejo de viajero
Lleva calzado cómodo y una cámara (o el móvil con buena batería).
Y si te apetece disfrutarlo en silencio, acércate a primera hora o al final del día, cuando los grupos de turistas ya se han ido y solo quedáis tú, la piedra y el cielo.

| Continuo mi camino
Después de contemplar el Alcázar de Segovia desde este mirador, sé que no puedo irme sin acercarme a él.
Desde aquí parece un sueño suspendido entre los valles, una fortaleza que flota entre la historia y el aire. Pero quiero verlo de cerca, caminar por sus salas, sentir el eco de sus leyendas y la huella de los reyes que lo habitaron.
El camino me lleva cuesta arriba, entre el rumor del Eresma y la piedra dorada que guía mis pasos.
Cada mirada atrás me regala una nueva perspectiva del Alcázar, más viva, más imponente.
Y entonces lo entiendo: no basta con mirar Segovia, hay que adentrarse en ella.
Ahora, el destino me espera tras sus murallas.
El Alcázar me abre sus puertas…
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MAPA– Cómo llegar al Mirador del Alcázar y los Dos Valles, Segovia
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